Adriana Lestido en la Casa de América

por Alicia Pérez Gil

FEAT-MIRAR

Una mirada despiadada

 

Importa poco lo que yo pueda decir de esta exposición porque, afortunadamente, la página web de Adriana Lestido muestra todas las fotografías expuestas en La Casa de América hasta fin de verano.

No se trata de una exposición convencional. Al menos a mí no me lo ha parecido. Y el cartel que la anuncia resulta engañoso: sobre el título “Amores difíciles” se ve a una mujer con un delantal de cuero que empuña un cuchillo de carnicero. Al fondo unos azulejos blancos. Si uno se acerca sin ningún conocimiento previo, sin saber a lo que va, como yo, la sorpresa es mayúscula. El texto al pie de la escalera, antes de acceder a las salas, explica al menos que se trata de varias series de fotografías: Madres e hijas, madres adolescentes, mujeres presas y hospital infantojuvenil.

Me alegro mucho, muchísimo, de que sea el año 2010 y que un autor pueda colocar una cita literaria, explicativa de la obra que expone, en la entrada de la sala. Al final una obra de arte no deja de ser la obra de un autor y, por mucho que ese autor termine echándonosla a los leones, la ha realizado con una intención y con un significado. Me gusta conocer ese significado y esa intención tanto como me gusta dar a las obras ajenas mis propios significados y mis propias interpretaciones.

De las cuatro series me quedo con dos: madres e hijas y hospital infantojuvenil. Y de la primera serie me quedo con la primera historia: Eugenia y Violeta. Ambas por las mismas razones: son fotografías agresivas, desnudas, duras. El amor maternal no se da por supuesto, no se ve una felicidad explícita, prefabricada. Son todo lo contrario a esas fotos edulcoradas de madres que les sonríen a bebés pelones, todas iguales, igualmente virginales, con esa aureola de deber cumplido, de deuda satisfecha, de prueba conseguida. Yo no sé si esa madre es feliz, si se alegra de ser madre. Sé que la vida le cuesta, que está cansada, que la niña llora, que hay que bañarla, que es un ser humano independiente que quizá se ponga en situaciones de peligro para las que la madre no esté preparada o presente. No, ni idea de si esa madre es feliz, pero es una madre responsable que duerme a su hija en brazos, que se deja abrazar por ella. Es una madre capaz de ternura también. A pesar de la vida y de las dificultades. Y todo esto lo sé gracias a unas fotografías en las que lo mejor es el movimiento.

Como buena aficionada había oído hablar de que se puede fotografiar el movimiento, pero no me interesaba demasiado el tema. Bastante liada estoy tratando de que mis encuadres sean medio decentes. Pero estas series de fotografías e incluso cada una por separado no sólo captan el paso del tiempo, sino que lo transmiten de manera tan eficiente como una buena película o una buena novela. Y por eso salí impresionada.

Movimiento y una mirada despiadada.

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