Los amigos de mis amigas

por Alicia Pérez Gil

FEAT-VIVIRNo sé si por suerte o por desgracia, conozco poco a l@s novi@s o maridos o mujeres de mis amig@s. Y menos aún a los exes. Además les conozco de manera injusta.

Al hilo de mi comentario acerca de la queja surgió la idea de que, claro, entre amigos compartimos lo bueno y lo malo, sí, pero si ponemos una cosa y otra en la balanza, lo malo se comparte muchísimo más. Si un novio hace algo que te duele o te molesta, a la mejor amiga que va. Si tu mujer no responde a tus expectativas, a tus amigos que te quejas. Y de tus amigos obtienes comprensión, consuelo y consejo. Y a unas malas se forma un gabinete de crisis en el que se crucifica al malo de la película. Así se le purifica mediante el crimen simbólico ritual (no habré mandado yo sicarios imaginarios a romperles las piernas a novios capullos…)

¿Pero qué pasa cuando los novios, maridos y mujeres se portan de manera encantadora, cuando hacen exactamente lo que queremos de ellos e incluso más? Pues por regla general no pasa nada. A mí pocas veces ha venido un amigo a decirme: “tía, ayer mi novio me trató como a una reina, me sentí con él genial, fue uno de los mejores momentos de la relación”. Y no sé si porque lo bueno lo damos por supuesto y entonces lo valoramos menos, o porque no queremos compartir lo bueno o porque nos da vergüenza.

La cuestión es que las ofensas se traducen en aquelarres y maldiciones oscuras, pero las bondades no se traducen en fiestas y fuegos artificiales, así que yo tengo retratos muy poco favorecedores de los novios ajenos porque tengo muchos y muy precisos detalles de sus ofensas y pocos y muy difusos datos acerca de sus bondades.

Me repito y me repetiré, me temo, estos días, pero ¿podemos esforzarnos en hacer más caso a lo bueno que a lo malo? Me encantaría creer que las parejas de mis amigos se merecen a mis amigos. Al menos las actuales y al menos a partir de ahora 🙂

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