La Superpot

por Alicia Pérez Gil


Mi primer relato de ficción ocupaba, caligrafiado, 6 cuartillas de cuaderno de cuadros con margen, de los pequeños, de esos de espiral de alambre que si se retorcía un poco te deshilachabas los jerseys caseros –mi madre hacía unos jerseys de punto preciosos-. Por las dos caras.


Lo escribí el año que Glenn Medeiros estrenó su gran hit mundial Nothing´s gonna change my love for you. Lo sé porque la primera frase del relato era: Estaba yo en un concierto de Glenn Medeiros.


Antes de eso había empezado a escribir un diario. A los 12 añitos escribí mi primera entrada: un sueño erótico que implicaba a Michael J. Fox. Desde entonces he escrito en folios, cuadernos de dibujo, cuadernos normales, libretas, post its, servilletas de bares, comandas y hasta ordenadores. Pero aquella primera entrada la hice en una agenda de la Superopop. Sí, la de la foto. Y cuando llegue a casa esta tarde confirmaré mi sospecha de que conserva la piedra magnética. Mi hermana y yo la llamábamos cariñosamente Superpot; creo que porque a ciertas edades nos daba un poco de vergüenza seguir comprándola. Pero es que estábamos haciendo el álbum de los NKOTB ¡y lo terminamos! Lamentablemente el álbum se perdió en nuestro desastre familiar.

Comencé a comprar la revista en el verano del 86. En aquel primer número regalaban un superposter de Don Johnson. Lo bueno vino con el siguiente número: Los pendientes de Madonna (unos corazones de plástico rosa chicle, de pinza. Y sí, me los puse varias veces). Luego fui acumulando carpetas, una cinta con 4 canciones de Duncan Dhu, fotos, pósters, más carpetas, pegatinas, cromos, amuletos… Era divertido y era emocionante.


Cambiaba el forro de mis carpetas mucho más a menudo de lo ecológicamente recomendable. Serie nueva, chico nuevo, carpeta nueva. Luego aprendí a hacer unos collages estupendos DENTRO de las carpetas, así que forraba también los separadores. Los míos y los de mi hermana. Empecé pronto a reinterpretar objetos 🙂


Pero lo más importante de la Superpop es que me enseñó a escribir. Yo ya había leído mucho. Mucha literatura infantil y juvenil, pero Superpop plantó en mí la semillita de adolescente que necesita un lugar donde guardar sus secretos; una habitación propia, que diría la Woolf, aunque a otros niveles. Y yo me compré la necesidad de habitación propia. Así que empecé a escribir. Un poco por la semilla, un poco porque el sueño aquel no-se-po-dí-a-con-tar-ma-jos y un poco porque ya entonces sabía que había un espejo líquido en alguna parte. Y pensaba que si yo escribía una historia, eso podía cambiar MI historia de alguna forma extraña. Por eso empecé a escribir sobre mí y Glenn Medeiros, Kirk Cameron y los Hombres G.

Luego llegaron los collages con los nombres de los héroes de la Dragonlance y luego las notas de FB acerca de Tyrion Lannister.


El 22 de Mayo de este año salió el último número en papel de la Superpot. Lo he leído en el blog de Alaska y Mario Vaquerizo. No voy a decir que me muera de dolor. No es cierto. Pero sí tengo un poco de nostalgia. Sobre todo me da mucha morriña el sol que caía a plomo por una vez y se colaba por entre las hojas de los árboles de la plaza de Amurrio. Era un día clarísimo, yo llevaba una camisa sin mangas, corría un poco de brisa y yo compré aquel primer número de Superpop sin saber que cambiaría mi forma de ver la vida para siempre.


Curiosamente no era infeliz, pero fui a comprarlo sola.
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