A veces la cuestión no es qué, sino cuándo

por Alicia Pérez Gil

Parque – Balneario Nuestra señora del Carmen – Málaga



En 1922 se construyó en el mismo balneario el primer campo de fútbol de Málaga, que continuó en pie hasta 1941. Para entonces el recinto ya contaba con un restaurante, la pista de tenis donde se jugaría el primer torneo de la ciudad y una pista de baile de más de 2.000 m2 . En ella se ofrecían conciertos, espectáculos e incluso se organizaban verbenas.




Cuesta poco imaginar al Gran Gatsby apoyado al desgaire en una columna, bombillas que titilan sobre su cabeza, la noche cálida, el rumor del mar y docenas de parejas que bailan, emplumadas, divertidas, despreocupadas, un poco más acá de su mirada.

El balneario se inauguró el 16 de Julio de 1928; dos años después se construyó un embarcadero y se instaló una pantalla para proyectar películas. En los años 20 la burguesía acomodada le daba la bienvenida a la playa y se volvía heliófila. Hasta entonces el dinero exigía que las mujeres tomasen vinagre y huyesen del sol. A partir de ese momento el moreno se convirtió en señal de riqueza: si el campesinado se mudaba a las ciudades y empalidecía en las fábricas, de alguna manera había que distinguirse.

Cuesta muy poco imaginar algún animal exótico encerrado en la jaula gigante de la entrada, el olor de la madreselva nocturna y el jaleo controlado de camareros y empleados, un poco al estilo de Dirty dancing, con el pelo cortado a lo garçon.

En 1922 se construyó en el mismo balneario el primer campo de fútbol de Málaga, que continuó en pie hasta 1941. Para entonces el recinto ya contaba con un restaurante, la pista de tenis donde se jugaría el primer torneo de la ciudad y una pista de baile de más de 2.000 m2 . En ella se ofrecían conciertos, espectáculos e incluso se organizaban verbenas.

Cuesta poco, pero hay que imaginarlo, porque lo que queda de los felices 20 son columnas apuntaladas, muros derruidos, apenas las dos pistas de tenis y los restos de algunos edificios de la época del destape.

Aún así algo queda de Gatsby, de sus trajes impecables y su buen gusto exquisito. Será el azul del mar, o algún fantasma que se aferra a las velas de té.

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