Solos

por Alicia Pérez Gil


Hace muy pocas semanas un amigo cercano.

Pero si no es cercano no es amigo, así que ¿por qué se adjetiva a los amigos? Es como decir un buen amigo. Si no es buen amigo, no es amigo.

En cualquier caso, hace muy pocas semanas un amigo cercano

dijo que nadie está solo, que la soledad no necesita ser real, sólo hay que sentirla. Y allí me quedé yo, con mi preciosa sonrisa de viernes antes de las vacaciones, mi caña fresquita de celebración y todo el arsenal de frases que se me habían venido a la cabeza cuando dijo que se sentía solo, esperando la orden de disparo. No disparé, claro. Hay verdades gordas como barrigas de gotas que te empapan y te dejan fría. Hace falta que pase el tiempo, que el agua cale, que se evapore la sensación de frío y a veces, lamentablemente, hace falta sentirse solo para entender este tipo de verdades.

La soledad no tiene que ver con la cantidad de gente que nos rodea, ni con la calidad de esa gente, ni con cuánto amor se reciba, ni cuánta atención, ni cuantas muestras de cariño.

La soledad tampoco tiene que ver con recibir ayuda en los momentos difíciles. Cuando yo me siento sola pienso en algunos de mis VIPs, que han estado ahí, al pie de cañones muy feos y oscuros, o de cañones incómodos. Pienso en ellos y agradezco su saber estar, sus palabras, sus ofertas, sus esfuerzos y a algunos hasta les agradezco el dinero que me prestaron, las borracheras, las noches de insomnio, los gritos que escucharon, las lágrimas que me vieron verter y el amor, el cariño, la atención y la ayuda que me dieron y que se materializa siempre después de las crisis; cuando ya no tengo los ojos hinchados, cuando ha pasado la tempestad, me he puesto un vestido bonito y ellos me tratan como la Alicia que suelo ser. Entonces les agradezco más que nunca el ejercicio de una generosidad que consiste en que obvien los malos ratos y sigan disfrutando conmigo de los buenos. Que me permitan recuperarme sin recordarme mi paso por los túneles es la mayor muestra de amor. Para flagelarme me basto sola, valga la prepotencia.

La soledad, la mía, tiene que ver con la comunicación, con la incomunicación, con la sensación de no sentirme entendida un porcentaje muy alto de las veces que hablo. La soledad tiene que ver con el silencio, con vivir dentro de mi cabeza y que nadie sepa lo que pasa. La soledad tiene que ver con un sentimiento de irrealidad, de bruma, de intangibilidad.

La soledad es la contemplación de una obra de arte perfecta y la certeza de que nadie verá en ella lo mismo que veo yo.

Esa soledad me obliga a cuestionarme si lo que yo veo existe, si lo que pienso tiene alguna entidad y, por extensión, si yo existo, si yo tengo alguna entidad. Como el árbol que cae en medio del bosque ¿suena? Si no hay nadie para oírlo ¿existe el sonido? Si no puedo compartir lo que veo ¿lo he visto o lo he inventado?

Y la pregunta más importante: ¿A qué sabe un melocotón? Nicolas Cage se lo preguntaba a Meg Ryan en City of Angels: No sé si el ángel original, el de Wim Wenders se lo preguntaba a su humana.

– ¿A qué sabe una pera?
– Ya lo sabes, has comido docenas de peras.

(Esto era mentira, claro, Nicolas Cage era un ángel y no había comido jamás una pera, ni nada parecido)

– Sí, pero quiero saber como sabe una pera para ti.

Cuando hablo de esto yo acudo al melocotón, una fruta materna. Mi madre adoraba los melocotones. No podía morder la piel, pero los pelaba a conciencia y disfrutaba de la pulpa. Los cortaba con cuchillo y cuando llegaba al hueso me lo daba. A mí siempre me ha encantado rebañar los huesos de la fruta, los huesos de pollo, los de las chuletas… Era el mismo melocotón, pero estoy segura de que el de mi madre no sabía igual que el mío.

Por eso existen las palabras, para llamar con los mismos nombres a cosas superficialmente semejantes pero esencialmente distintas: los melocotones, el color azul, la soledad.

Para mí la soledad es no poder explicar a qué sabe un melocotón. Hay para quien la soledad consiste en no ir de tiendas con sus 80 mejores amigas (Grande Terency Moix).

Los personajes de esta serie están solos. Es abrumador cuánta gente se desplaza sola por el mundo. Y seguro que sus soledades no son la mía, pero estaban en mis caminos. Ahora en los vuestros.

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