American Vampire – muerte a los Cullen

por Alicia Pérez Gil



Stephen King tenía una cuenta pendiente consigo mismo y conmigo. No es que lo dijera él, es que lo digo yo, que para eso he crecido entre su sangre, sus vísceras y sus gritos de horror. A los 14 mi madre me permitió abrir IT y ya nunca he vuelto a ser la misma.

Pero el maestro King no había escrito comics. Los había leído, los había celebrado, pero no había participado en ninguno. En 2010, para enmendar esa imperdonable carencia, lo hizo con el guión de American Vampire, una historia de vampiros norteamericanos de la que apenas he leído el primer capítulo pero de la que ya puedo decir que es exactamente lo que esperaba: una historia que engancha, vampiros que chupan sangre y muchas referencias estadounidenses.


Transcribo la intro del propio King:

Esto es lo que los vampiros no deberían ser: pálidos detectives que beben bloody marys y que sólo trabajan de noche; melancólicos caballeros sureños; chicas adolescentes anoréxicas; guaperas de ojos grandes e ingénuos.
¿Qué deberían ser?
Asesinos, cariño.

Y que nadie se engañe, que reconozco a Louis de Point Dulac en la estampa de melancólico caballero sureño, y de todos es sabida mi larga y prolongada relación con el pobrecito niño torturado de Louisiana. Pero Anne Rice, que abrió la veda, tuvo la buena fortuna de poner un Lestat a la vera de mi Louis, para recordarnos a todos que los vampiros se alimentan de nosotros, pobres y sabrosos humanos cuya única ventaja es que sabemos recolectar además de cazar.

Doy saltos mentales de alegría cuando pienso que hay un vampiro contemporáneo llamado Skinner Sweet que no brilla bajo la luz del sol, que no se enamora de humanas ni de humanos y que tiene muy claro, como la leona del chiste que recrimina a su cachorro cuando juega con el explorador, que con la comida no se retoza.

¿En qué momento, queridos míos, se nos olvidó que ellos son la raza superior y que nosotros somos sus ricos filetes? Son menos sólo porque si fueran más tendrían que criarnos en granjas como lo hacemos nosotros con vacas y cerdos. Pero los vampiros no son granjeros, son cazadores. Y nosotros somos presas.

Son más fuertes, más rápidos, más voraces y mejores que nosotros ¿Por qué iban a confraternizar? No son súperhumanos, son vampiros.

Y yo doy garcias de haberlos encontrado… otra vez.
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