One self

por Alicia Pérez Gil

Sigo con el rescate. Esta foto también es de septiembre de 2009.

¡Y cómo hemos cambiado!
¡Qué lejos ha quedado!

Ayer mismo escribía, en mi cafetería de los sábados,  que de alguna extraña manera no necesito probarle nada a nadie, que eso pasó, igual que pasaron otras cosas.


Por ejemplo, no necesito demostrar que soy capaz de hacer eso de ahí arriba, pero sigo necesitando, de una manera casi enfermiza, compartirlo. Y supongo que establecer una diferencia clara y un equilibrio sano entre vivir según la técnica del pavo real, mostrando todas las plumas; y vivir en sociedad, de la que uno necesita y a la que uno contribuye, debe de constituir una parte importante en el camino a la felicidad.

La fotografía tiene defectos de foco porque los chicos se movían y yo no sabía lo que hacía, tiene defectos de selección: los bordes de lo que he decidido mostrar no son lo bastante nítidos.  Quizá la próxima vez. Tiene defectos de exposición: todas las zonas más blancas están quemadas, y con eso sí que no se puede hacer nada.

Pero dos años después de tomar el original de esta foto con la que no he sabido qué hacer hasta hoy cuando la he abierto y he visto la bonita simetría y las posibilidades de un blanco y negro, estoy orgullosa de haber aprendido aunque sólo sea eso: a ver alguna posibilidad más en algo que no creí que tuviera ninguna.



A mí la foto me gusta, pero lo que más me gusta es la evolución, que me da esperanza en el futuro. En todos los futuros posibles y en alguno de los imposibles.

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