El sentido de la escritura

por Alicia Pérez Gil

Tras un germen de conversación con un batracio de fieltro verde y gafas azules hace como semana y media, estoy que no me quito de la cabeza el test de la casa. Ese test en el que los niños deben dibujar una casa y a partir de lo que dibujen, unos adultos muy serios y muy llenos de títulos universitarios, nos dicen si los niños son imaginativos, sosainas, de ciencias, de letras, dependientes, etc.
Yo recordaba que si uno dibujaba algo a la derecha no significaba lo mismo que si lo dibujaba a la izquierda. Y así es. Me confirma la web que si un niño dibuja una casa con chimenea y de la chimenea sale humo, si el humo se dirige a la izquierda eso es que el niño tiende a nostálgico, a rememorar el pasado y tendrá un perfil tradicionalista. Si  el humo va hacia la derecha se trataría de una persona idealista, amante de lo nuevo, aventurero, extrovertido, con gusto para los viajes y los proyectos renovadores.
Todo esto ¿Por qué? Pues porque mi conversación con la rana versaba sobre la manera de entender la publicidad gráfica en culturas en las que no se lea de izquierda a derecha, sino de derecha a izquierda. A mí se me ocurrió que quizá esa manera de enfrentar lo escrito quizá reflejaba una manera diferente de entender el mundo, y me he puesto a echar un vistazo.
Y resulta que entre el l800 y el 700 a.C., los griegos, de los que se sabe que eran muy listos, se dieron cuenta de que la mejor manera de comerciar con los fenicios, era adoptar su tipo de escritura. Imagino que para leer las órdenes de compra, las facturas y las citaciones judiciales por impago.  Los fenicios escribían de derecha a izquierda, como en hebreo, árabe y muchas lenguas asiáticas del presente. Por ejemplo los mangas japoneses, que no son una lengua pero son asiáticos y del presente. Y vaya jaleo me armé yo la primera vez que cogí uno, por cierto.  Las inscripciones griegas más antiguas también se leen de esta manera.

Los griegos adoptaron entonces un estilo conocido como bustrofedón (escritura que giraba como los surcos hechos por los bueyes), en el que se escribía de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, en líneas alternadas. Mucho más divertido y, si lo piensas, más lógico. No hay que hacer saltos de línea a línea. Es verdad que marea un poco, pero sospecho que es por la falta de costumbre.

Mi razonamiento inicial era más o menos este: si los occidentales escribimos de izquierda a derecha a lo mejor es porque somos más… ¿cómo era?… Extrovertidos, viajeros y renovadores mientras que los que escriben de derecha a izquierda son fumadores de opio que sufren de ensoñaciones nostálgicas crónicas.
Pero claro, esto no se sostiene. Si los griegos ya escribían de derecha a izquierda antes de Cristo y se cambiaron por cuestiones económicas, lo lógico es deducir que nosotros también fumamos opio mientras suspiramos por pasados tiempos mejores. A un nivel subconsciente, por lo menos.
Sigo buscando y me encuentro que a comienzos de siglo, sociólogos, antropólogos y otros científicos de letras (y anda que no mola lo de científicos de letras) llegan a las siguientes conclusiones acerca de los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro: “Al lado derecho se atribuyen los honores, las denominaciones adulatorias, las prerrogativas: él actúa, ordena, toma. Al contrario, el lado izquierdo es despreciado y reducido al rol de humilde auxiliar: él no puede hacer nada solo; ayuda, apuntala, tiene”. 

Para la mayor parte de la literatura etnográfica, además, la oposición  entre derecha e izquierda se concibe como parte de una genérica capacidad humana de clasificar al mundo que nos rodea y de derivar el sentido de las cosas en relación a sus contrarios. O sea, que –y aquí termina el corta y pega- la división hemisférica del cerebro nos hace ser maniqueos. No es que nos estemos volviendo locos cuando no vemos una confusa gama de grises, es que verla supone un esfuerzo. Lo suyo es ver blancos y negros. Nada que ver con el daltonismo, ni con deficiencias cromáticas por otra parte.

En lo que no se han puesto de acuerdo los científicos es en si esto del maniqueísmo es neurológico o cultural. Luego borremos el párrafo anterior. Ya no se sabe si es por los hemisferios o por educación.

Y luego llegan los chinos, que ponen en entredicho el simbolismo derecha-izquierda. Según los chinos ni manda uno, ni manda otro. Ellos son más de centro. No hay hemisferio preponderante, la preferencia de uso de uno u otro se deriva del contexto. Claro que de los chinos no se puede uno fiar: su forma tradicional de escribir era en vertical y de derecha a izquierda pero modernamente se hace en horizontal y de izquierda a derecha. Evolución muy posiblemente debida al cambio mundial de contexto…

También el mundo bíblico está cruzado por la antítesis entre los conceptos de derecha e izquierda. Por ser conceptos polares, la derecha y la izquierda llegan a ser también imágenes del bien y del mal. Si los habitantes de Nínive “no saben distinguir entre la mano derecha y la mano izquierda”, esto significa que no conocen la diferencia entre lo justo y lo injusto. De los habitantes de otros lugares no nos dice nada la Biblia, aunque Luis Martín Santos y Enrique Búnbury sí que hablan de que no sepa la mano izquierda lo que haga la derecha.

La mano derecha es el símbolo de la potencia de Dios que se ilustra a través de las grandes acciones de su diestra; con ella golpea al enemigo y libera a su pueblo. La diestra de Dios es el lugar donde sus amigos gustarán los regocijos eternos y el lugar donde el Mesías se sentará en el trono cerca de Dios. Cuando, luego, el hijo del hombre va a venir a juzgar como rey a todo el universo, colocará a su derecha a los benditos del Padre suyo y a su izquierda a los malvados. 

Los siniestros son más de izquierdas, obviamente.
En resúmen, que llevo semana y media dándole vueltas a si la concepción árabe del mundo, de la que no sé nada en absoluto, está reflejada en su modo de escribir y tengo que tomar una decisión: o sigo dándole vueltas, o asumo que ni lo sé, ni lo sabré en un futuro próximo…
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