Europa 2013: Ni ciencia, ni ficción

por Alicia Pérez Gil

PRIMERA OLEADA
El uno de enero de 2013, 25 millones de habitantes del continente africano cruzaron el mar Mediterráneo, de sur a norte, y tomaron las costas europeas.
Los gobiernos de Portugal, España, Francia, Italia, Eslovenia, Croacia, Bosnia Herzegovina, Albania, Grecia y Turquía apelaron, en mayor o menos medida, a la solidaridad de sus habitantes: donde comen dos, comen tres. Las familias europeas que acogieron un inmigrante fueron recompensadas con 400 euros. Dicha medida fue bautizada como cheque del tres y acompañada por una reducción en las retenciones de IRPF.
El gobierno británico cerró sus fronteras, confiando en que los invasores no alcanzaran el Canal de la Mancha.
SEGUNDA OLEADA
Seis meses después, otros 25 millones de invasores del sur de Europa tomaron las costas mediterráneas del primer mundo. Los gobiernos de los países afectados por el movimiento migratorio masivo no se atrevieron a iniciar una política similar a la anterior. Estudios de reconocida solvencia demostraban que donde comen tres no comen cuatro, que las familias más desafortunadas habían acogido a más de un africano y las más ricas a ninguno y que por tanto las autoridades debían innovar si querían resolver la situación.
Descartada la repatriación, los gobiernos de Portugal, España, Francia, Italia, Eslovenia, Croacia, Bosnia Herzegovina, Albania, Grecia y Turquía abrieron sus fronteras para que los 25 millones de nuevos habitantes del continente lo atravesasen hacia el norte.
Alemania, Holanda, Bélgica, Austria, la República Checa, Polonia, Bielorrusia, Hungría y  Rumanía siguieron el ejemplo británico; quizá por no contar con un canal que los separase del resto de Europa, el cierre de sus fronteras no fue tan efectivo.
Al mismo tiempo se convocó una cumbre secreta cuyos participantes prefieren mantenerse en el anonimato.
TERCERA OLEADA
Seis meses después los efectivos militares de Portugal, España, Francia, Italia, Eslovenia, Croacia, Bosnia Herzegovina, Albania, Grecia,  Turquía, Alemania, Holanda, Bélgica, Austria, la República Checa, Polonia, Bielorrusia, Hungría, Rumanía, Reuino Unido, Irlanda, Suecia, Noruega, Rusia, Estonia, Letonia y Lituania recibieron a los 25 millones de nuevos desembarcados en el continente sin un alto.
Cuando el último invasor hubo encajado su correspondiente disparo, el ejército combinado, del que formaba parte un porcentaje significativo de los 50 millones de invasores asimilados durante el año anterior, giró sobre sí mismo y emprendió rumbo a la costa norte. Cuando alcanzaron la orilla del mar del Norte y el Báltico Europa quedó lista para una restauración desde los cimientos. Por supuesto, sólo se encontraban cimientos.
Los expertos en estudios estadísticos salieron de sus refugios y predijeron una recuperación total de la economía para veinticinco o treinta años más tarde. Se equivocaron: el ser humano europeo superviviente, incapaz de renunciar a los lujos que aún recordaba, reconstruyó sus ciudades y sus mercados en un quinquenio.
Para entonces, un número indeterminado de habitantes de India, más de 25 millones, había llegado a la frontera oriental de Europa.
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