Nacidos y muertos el 4 de julio: preparándome para el fracaso.

por Alicia Pérez Gil

Que no es que esté preparada para el éxito, pero imagino que, si llega, dolerá menos.

Hace años que escribo, que he presentado relatos a concursos que no he ganado, que he publicado en foros en los que he obtenido resultados discretos, que he entregado mis escritos a amigos de esos de los que una cree que tienen criterio y que me han dado opiniones tibias. Muchos años.
Hace muy poco tiempo, apenas seis meses, que he tomado la decisión de hacer dos cosas: publicar gratis parte de mi obra y publicar la otra mitad a cambio de dinero. Para ambas decisiones, que en realidad son una, un poco al estilo del Espíritu Santo, hay motivos de los que ya hablaremos vosotros y yo.
Ya he publicado en Wattpad tantas historias cortas como habrá en la primera colección de cuentos que publicaré en Amazon el 4 de julio. Además de la cuarta parte de una novela sin más pretensiones que la de perder la vergüenza. No son obras perfectas. Igual que no son obras perfectas las que componen “Inquilnos del espejo”.  Sin embargo son el mejor resultado que he podido obtener de mí misma con las herramientas de las que disponía. 
Ese es mi objetivo en la literatura y en la vida: aprender a diario, mejorar a diario.
El 4 de julio está a la vuelta de la esquina y eso da miedo. Por eso me cuesta cada vez más sentarme y corregir, sentarme y decidir, sentarme y podar. Porque cuando mi ramo de flores esté listo, en su jarrón, con el agua y la aspirina esa que se le pone para que los pétalos duren frescos más tiempo, se habrán acabado las oportunidades. El 4 de julio colgaré por todas partes un enlace a mi colección de cuentos y esperaré a los resultados.
Internet es un mundo cruel. Es una especie de monstruo cefalópodo en cuya cabeza sólo hay dos ojos ávidos y una boca gigante, voraz. Das de comer a la web tan a menudo como puedes, pero siempre quiere más. Tus pedazos de pastel se pierden en el abismo del sistema digestivo de esa sepia descomunal sin hacer ningún aporte nutritivo, casi. Encima de tu delicatessen caen otras tan buenas como ella. Muchas veces, mejores.
Así que sólo queda prepararse para fracasar, que es lo más probable. Yo lo hago recordándome los motivos por los que escribo y repitiéndome a menudo que no importan los motivos de los demás para no leerme. 
He empezado hace un par de semanas a despertarme en medio de pesadillas horrendas. Cuando no duermo pienso que, incluso aunque sea una buena escritora, quizá lo que yo tengo que decir no interesa a nadie o a casi nadie. Quizá sólo unos pocos se encuentren con mis textos, quizá sólo unos pocos los disfruten. No es un pensamiento agradable; aunque es mucho mejor que el otro, el de que puede que sea una mala escritora.
En cualquier caso, es muy probable que mi obrita pase desapercibida. Deberé seguir trabajando como abogada en una oficina que no me gusta, en una empresa que detesto para jefes que me repugnan. Es un futuro jodido, no nos vamos a engañar. Es un mal futuro para el que tengo muchas papeletas. Las tendría incluso aunque fuese una escritora excepcional.
Pero no importa. En cuanto publique mis cosas del espejo en Amazon comenzaré con su traducción al inglés y seguiré escribiendo cosas nuevas.
¿Por qué? Pues ya lo he dicho muchas veces: con burbuja pinchada o sin ella, con éxito o sin él, escribir es lo que me hace feliz. Sé hacerlo y es el único medio -descarto quemarme a lo bonzo- que poseo y que hoy por hoy estoy dispuesta a usar, para influir de alguna manera en eso que decimos todos de crear un mundo mejor.
El cuatro de julio de 2012 saltarán a la vida los inquilinos de mi espejo. 
El cuatro de julio de 2005 mi padre acometió su propio salto.
Cada uno decide a qué lado del cristal quiere quedarse.
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