Muletillas

por Alicia Pérez Gil

Esta mañana me he levantado con los ojos pegados de legañas. Me las he apañado para que los gatos no se colasen en la habitación mediante el nunca suficientemente ponderado truco de abrirles el grifo de la bañera y, después de lavarme los párpados con agua templada, he visto que del espejo colgaba un sobre con pinta oficial.
(Eso de ahí arriba es una frase larguísima de las que se recomienda no usar, pero me ha quedado muy mona).
He abierto el sobre y me he encontrado estas pocas líneas:
De la International Homeless People Association (IHPA) a la autora Alicia Pérez Gil.
Estimada señora:
Nos ponemos en contacto con usted con motivo de la próxima publicación de su colección de cuentos en Amazon. Tenemos entendido que la titulará “Inquilinos del espejo”. Le deseamos muchísima suerte en esta andadura, en la que nos sentimos por demás implicados.
Comprendemos que, por ser las circunstancias de nuestros asociados las que son, quizá no preste demasiada atención a nuestras demandas. Porque son demandas, señora. No vaya  a pensar que por carecer de vivienda o de ingresos estables somos más dados a la súplica que otros colectivos.
Desde que comenzó usted a escribir, hace muchos más años de los que quizá confiese, nos ha matado de hambre, nos ha matado de frío, nos ha matado con vampiros, con asesinos casuales, con garrotes, armas de fuego, con las manos desnudas de alguno de sus protagonistas… ¡Hasta nos ha usado de paisaje! Sí, sí. No ponga usted esa cara ¡De paisaje!
¿Qué hay que pintar un cuadro urbano deprimido? Mendigos.
¿Qué hace falta un cadáver sin importancia? Mendigos.
¿Qué se necesita una figura amenazadora y muda en la distancia? Mendigos.
Se diría, señora Pérez, que abusa usted de nuestra buena voluntad y de lo que toma como disponibilidad absoluta. Sepa sin embargo que los sintecho no carecemos de obligaciones, que nuestras agendas están muy apretadas y que si piensa seguir usando de nuestra presencia le exigiremos algún tipo de retribución.
Sin otro particular, reciba un cordial saludo:
IHPA
Claro, al principio me he ofendido. Yo soy una mujer con una acusadísima conciencia social. Yo jamás utilizaría a personas menos afortunadas que yo con fines estéticos. Yo NO SOY así.
Sin embargo, una relectura superficial de los susodichos relatos me ha llevado a rectificar mi postura. Porque es cierto que el recurso al mendigo me ha sido de gran utilidad. No hay más que leer “Los motivos” o “Disfunciones científicas” para darse cuenta de ello.
Así que les he escrito (he dejado mi respuesta colgada en el espejo del baño, a ver si les llega. No sé muy bien como funcionan estas cosas.) pidiéndoles disculpas.
A mis amigos escritores me gustaría darles un consejo: cuidado con las muletillas, que no son sólo la que se nos cuelgan al final de las frase ¿sabes lo que te quiero decir?, sino todos esas herramientas que usamos por defecto y que quizá, leída nuestra obra de seguido, le den un tinte monótono que no queda nada profesional.
Me temo que la siguiente carta que reciba será la de la Asociación de señoras que se meten en la ducha para posponer una decisión, evitar un enfrentamiento o propiciar que yo cambie de escena sobre el papel.
¡Cuánto que aprender!
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