Gracias

por Alicia Pérez Gil

Se avecinan días de cansancio, lo noto en los huesos. Lo dicen además todos los autoeditados que conozco: promoción, marketing, ventas. Peor que tener gemelos, oiga.
Se avecinan, pero no han llegado aún. Hoy es un día diferente; hoy toca mirar mi obra, ver que está bien y descansar. Las prebendas de ser diosa.
Hoy hace siete años que mi padre tomó la última decisión de su vida. Soy una mujer de racionalidad tolerable, superstición tolerable y fe justita. Quería que mi primer libro saliese a la venta en esta fecha, por una parte a modo de homenaje, y  como operación de limpieza emocional, por otra. Para asociar el cuatro de julio a un nacimiento y no a una muerte.
Esta mañana, desde el autobús, he visto dos buenos augurios: una furgoneta rotulada con los nombres de mi padre y mi abuela en el mismo color que el título de mi libro y un mensajero en cuya camiseta se leía que “Lo mejor está aún por llegar”. Es un buen pensamiento este, porque no importa lo bueno que sea lo que ya has recibido: lo que viene será mejor.
Quiero dar las gracias.
Hace mucho que no lo hago y me parece de justicia. Porque debajo del título pone que la autora de Inquilinos en el espejo es Alicia Pérez Gil; o sea, yo. Pero yo sola… ni a la vuelta de la esquina.
Me pasa con los fantasmas como con las meigas, que no sé si creer en ellos o no, pero me da en la nariz que existir, existen. Hace unos años un fantasma me pidió que no cometiese sus errores, hice caso y aquí estoy. A este fantasma quiero agradecerle en primer lugar su última orden. No he vuelto a saber de él. Se ve que se ganó las alas.
Me pasa con los vivos que a veces creo en ellos más de lo que debería. Me lo creo todo y así me ponen los huevos las gallinas. Quiero agradecer a todas las personas que me han hecho daño, la oportunidad que me dieron de sobreponerme al dolor. Sin ellas tampoco estaría escribiendo esto, ni ninguna otra cosa. Ellos y ellas saben quienes son. Las menciones de honor para quien las merece.
Muchísimas gracias a los superhéroes con los que convivo: Emilio, que tiene súper paciencia, súper abrazos, súper chistes malísimos, súper recetas de cocina, súper aspirador, súper amor y súper más cosas; Rosy, que tiene súper energía y me la pasa cuando la necesito. Miriel, que tiene el súper poder de enseñarme en qué dirección tengo que mirar. Haizea y Alain, que tienen súper poderes inexplorados e infinitos.
Gracias a todas esas personas de Facebook con las que he intercambiado algún mensaje, público o privado, alguna vez. He aprendido en estos últimos meses más que en los últimos 20 años. Y lo que me queda.
Muchas gracias a los lectores del blog y a los escritores de los blogs que leo. Leer a los demás es para mí lo que mi regadera para las plantas de casa: fuente de vida y riqueza. Exagerada manera de expresarlo, lo sé, pero es la verdad.
No quiero extenderme más. Cuando me pongo así, de este tono, me muero de la vergüenza. Tengo la sensación de que parece que creo que algo trascendente, vital, de importancia global va a pasar y sé que no es así. Este es uno de esos casos en que la humanidad no se ha movido en absoluto, pero yo he dado un paso de gigante.
Sospecho que mi vida no va a cambiar, pero yo sí soy distinta.
Mañana… ya veremos.
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