A mí me gustaba la burbuja.

por Alicia Pérez Gil

¡Cuántas cosas de las que quejarme hoy y qué poco tiempo!
1.- Dos horas de reunión, 14 personas. 28 horas desperdiciadas que ya no volverán. En serio, en esas dos horas no he aprendido nada, no he mejorado como persona, no me he divertido y mi empresa ha perdido dinero fijo. Eso sí: me confirman algo que yo ya sabía:  lo que yo hago sólo sirve para enriquecer al presidente. Bueno, eso y que mi jefe no sabe hablar en público.
2.- Hay personas que se suben en el metro por las mañanas sin prestar atención a su potencial terrorífico. En serio. Y no voy a meterme con guapos, feos, gordos o flecos, que podría, no. Hoy se ha sentado a mi lado una chica con gafas de sol negras tipo mosca y unos auriculares que le habrían quedado grandes a los cabezudos de mi pueblo. La he visto por el rabillo del ojo y, así, entre la neblina del sueño, me he asustado y todo.
3.- No creo en ceder mi sitio a las embarazadas. Lo lamento infinito. Tampoco creo en dejar a los niños correteando por las tiendas. Yo he escogido no tener hijos, así que me niego a cargar con los de los demás. Veamos, si la mujer está de 9 meses y obviamente sufriendo, es posible que me levante. Por humanidad. Pero ¿levantarme por sistema? ¿Por qué? ¿No es el embarazo la experiencia más maravillosa del mundo? ¿No son los hijos el mayor tesoro? ¿No se sienten realizadas como madres? Por no hablar de que yo jamás tendré una baja de cuatro meses.
A ver quién es el primero o la primera en hablar de la solidaridad entre mujeres. Porque mujeres son también las prostitutas y viven estigmatizadas. El sexo de las madres es sagrado, pero cederle tu asiento a una chica con una falda imposible que ha pasado toda la noche sobre unos tacones que le deben de haber destrozado los pies no se valora. Y lo ha hecho para ganarse el pan. Y a lo mejor hasta está embarazada, fíjate.
4.- Hoy he tenido que oír, otra vez, que los funcionarios españoles no trabajan nada. Pero nada de nada. Y que los alemanes trabajan más y mejor y mucho más eficientemente que los españoles. Ganas me han dado de decirle al señor en cuestión que se largase a Alemania a ser mano de obra especializada, que si no empezamos nosotros a deconstruir los tópicos, malamente vamos. Como es el señor que me firma la nómina, me he callado.
5.- No conozco a ninguna mujer que tenga una relación sana y normal con su cuerpo. Y conste que conozco a un montón de tías que están buenísimas. En el mejor de los casos, la menos trastornada cree que dentro de ella hay una mujer fea, gorda y deforme a la que debe controlar para que no emerja. Y yo no sé cómo hacer para extirpar esto de las mentes de todas y cada una de nosotras.
6.- Con lo bien que se estaba en la burbuja, va la conciencia –la mía, no la social, ni la moral, ni nada- y decide despertárseme hoy. Me parece fatal.
7.- Me gustan los gatitos. Sobre todo los míos. Espero que esto me redima de todas las cosas de mala persona que he escrito más arriba.
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