Miedo

por Alicia Pérez Gil




Tengo miedo.
Tengo más cosas, como confusión, enfado, inquietud, indignación, un orgullo que me hincha el alma, muchas ganas de que llegue mañana para salir de nuevo a la calle… Y miedo. Mucho miedo.
Porque sé que es necesario que nosotros, el pueblo, nos hagamos oír. Es necesario que salgamos de nuestras casas, que abandonemos las pantallas de los ordenadores, de las televisiones y de los cines. Es necesario que saquemos los pies del tiesto en el que nos hemos plantado. Y hemos empezado a hacerlo. Y lo hemos hecho bien.
Pero ¿Qué pasará luego? Pongamos que se cumplen mis mejores sueños y el 90% de la población se arma de valor y de pancartas, se olvida de las diferencias que tiene con el vecino, pone de manifiesto lo que comparteTengo miedo.
Tengo más cosas, como confusión, enfado, inquietud, indignación, un orgullo que me hincha el alma, muchas ganas de que llegue mañana para salir de nuevo a la calle… Y miedo. Mucho miedo.
Porque sé que es necesario que nosotros, el pueblo, nos hagamos oír. Es necesario que salgamos de nuestras casas, que abandonemos las pantallas de los ordenadores, de las televisiones y de los cines. Es necesario que saquemos los pies del tiesto en el que nos hemos plantado. Y hemos empezado a hacerlo. Y lo hemos hecho bien.
Pero ¿Qué pasará luego? Pongamos que se cumplen mis mejores sueños y el 90% de la población se arma de valor y de pancartas, se olvida de las diferencias que tiene con el vecino, pone de manifiesto lo que comparte con él y llegamos, desde nuestros portales hasta la puerta del congreso, enfadados pero ordenados, a reclamar lo que es nuestro.
¿Entonces qué?
¿Qué pasará al día siguiente? ¿Cambiará el gobierno de Rajoy de estrategia? ¿Pedirá a los otros representantes del pueblo su colaboración para sacar al país de la crisis sin esquilmarlo? En caso de que lo hiciera ¿Colaborarían esos otros representantes?
¿Por qué creo que no?
Que nadie me malinterprete: hay que seguir por el camino iniciado y hay que llegar mucho más lejos. Hay que manifestarse, sí. Y habría que tirar de pundonor y de mucho coraje y decir que nos importa muy poco lo que los sindicatos nos digan que debemos hacer. Habría que plantear una huelga general indefinida que no se terminase hasta que no se terminase la corrupción.
Por cada político inservible despedido un trabajador volvería al tajo. O un número proporcional de trabajadores. Por cada fraude fiscal millonario sancionado lo mismo. Ninguno deberíamos levantar un dedo hasta que las cosas se solucionen. Porque por cada jornada de ocho horas de trabajo, los que vendemos nuestro tiempo por cuenta ajena contribuimos a la riqueza también ajena y a perpetuar nuestra pobreza.
¿Por qué digo esto?
Porque estar hipotecado es ser pobre
Porque no disponer de tu tiempo para pasarlo con las personas a quienes amas es ser pobre
Porque dejar a tus hijos en manos de otros para trabajar es ser pobre
Sé que no puedo juzgar a nadie por no estar dispuesto a pasar hambre, por no querer arriesgar la seguridad de sus hijos, de sus padres, de sus hermanos o la propia. Yo no lo hago, así que ni puedo exigirlo ni puedo criticar a los que son como yo.
Por eso tengo tanto miedo.
De que se nos queden las cosas a medias, de que no suceda nada, de que puedan más las diferencias que el infortunio que debería mantenernos unidos.
Desde aquí sólo puedo pedir una cosa: cuando un compañero de trabajo, un parado, un perroflauta, una señora del PP, un sociata de chaqueta de pana, un cualquiera os saque de quicio con su ideología, recordad que las ideas en este caso no importa. Lo que importa son los hechos.
Los hechos son los recortes, los desahucios, las privatizaciones, la corrupción, los fraudes, la intervención encubierta a la que nos han sometido. Y estos hechos nos afectan a todos.
Así que perdonemos las ideas mientras amamos a las personas. Seamos con los otros lo que queremos que los otros sean con nosotros. Porque todos estamos sufriendo lo mismo y si no entendemos esto seguiremos sufriendo por separado algo que sólo podemos solucionar juntos. con él y llegamos, desde nuestros portales hasta la puerta del congreso, enfadados pero ordenados, a reclamar lo que es nuestro.
¿Entonces qué?
¿Qué pasará al día siguiente? ¿Cambiará el gobierno de Rajoy de estrategia? ¿Pedirá a los otros representantes del pueblo su colaboración para sacar al país de la crisis sin esquilmarlo? En caso de que lo hiciera ¿Colaborarían esos otros representantes?
¿Por qué creo que no?
Que nadie me malinterprete: hay que seguir por el camino iniciado y hay que llegar mucho más lejos. Hay que manifestarse, sí. Y habría que tirar de pundonor y de mucho coraje y decir que nos importa muy poco lo que los sindicatos nos digan que debemos hacer. Habría que plantear una huelga general indefinida que no se terminase hasta que no se terminase la corrupción.
Por cada político inservible despedido un trabajador volvería al tajo. O un número proporcional de trabajadores. Por cada fraude fiscal millonario sancionado lo mismo. Ninguno deberíamos levantar un dedo hasta que las cosas se solucionen. Porque por cada jornada de ocho horas de trabajo, los que vendemos nuestro tiempo por cuenta ajena contribuimos a la riqueza también ajena y a perpetuar nuestra pobreza.
¿Por qué digo esto?
Porque estar hipotecado es ser pobre
Porque no disponer de tu tiempo para pasarlo con las personas a quienes amas es ser pobre
Porque dejar a tus hijos en manos de otros para trabajar es ser pobre
Sé que no puedo juzgar a nadie por no estar dispuesto a pasar hambre, por no querer arriesgar la seguridad de sus hijos, de sus padres, de sus hermanos o la propia. Yo no lo hago, así que ni puedo exigirlo ni puedo criticar a los que son como yo.
Por eso tengo tanto miedo.
De que se nos queden las cosas a medias, de que no suceda nada, de que puedan más las diferencias que el infortunio que debería mantenernos unidos.
Desde aquí sólo puedo pedir una cosa: cuando un compañero de trabajo, un parado, un perroflauta, una señora del PP, un sociata de chaqueta de pana, un cualquiera os saque de quicio con su ideología, recordad que las ideas en este caso no importa. Lo que importa son los hechos.
Los hechos son los recortes, los desahucios, las privatizaciones, la corrupción, los fraudes, la intervención encubierta a la que nos han sometido. Y estos hechos nos afectan a todos.
Así que perdonemos las ideas mientras amamos a las personas. Seamos con los otros lo que queremos que los otros sean con nosotros. Porque todos estamos sufriendo lo mismo y si no entendemos esto seguiremos sufriendo por separado algo que sólo podemos solucionar juntos.
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