Escisión

por Alicia Pérez Gil


Una empieza las cosas con la mejor de las voluntades. En este caso una escribió una colección de cuentos que confiesa de calidad irregular aunque todos ellos sean muy decentes. Algunos incluso muy buenos. Lo que sucedió a continuación es que una se encontraba sola y carecía de experiencia en el mundo de la promoción y, como había decidido no esperar respuesta de editorial alguna, pidió ayuda a un amigo para que le sacara alguna castaña de algún fuego.
– Ese soy yo.
Ese fue Max, sí. Un chimpancé alcohólico que se pierde por un buen par de piernas, con una sólida formación en periodismo, un curriculum que le avalaba y una labia a la que una, o sea yo, no supo resistirse.
– Hay que ver cómo te gusta manipular realidades, jefa.
Disculpad un momento, chicas y chicos. Es que el mono en cuestión está justo aquí al lado, leyendo por encima de mi hombro, y yo así no puedo trabajar.
– Tú no puedes trabajar de ninguna manera, cielo. Por eso me contrataste.
– Al menos reconoces que hubo contrato. Tal como hablas de mí por ahí parece que te uso para extraer diamantes de minas sudafricanas a cambio de un plátano al mes.
– Mira, preciosa, lo has intentado. Me mandaste al espejo, bajé, subí, hablé con los chicos, conocí a las mujeres y entonces las cosas se te fueron de las manos. Pero, si por ti hubiera sido, me tendrías esposado a la Olivetti.
No le creáis, por favor.
– Ellos me conocen. Me leen. Llevan meses atentos a lo que digo y saben que no miento.
– Pues no empieces ahora. Hagamos un trato tú y yo: tu dejas de decir mentiras sobre mí y yo no diré TODA la verdad sobre ti.
– Ni siquiera voy a contestar a eso, jefa. Yo he venido aquí a hablar de…
– Tú no tienes libro, mono.
– Yo no tengo libro, no. Yo tengo una redacción entera con la que puedo hacer lo que me de la gana. Y he decidido .
– Max, no m toques los botones. Te he traído aquí porque soy buena gente y porque mis compañeras han accedido. Ahora pórtate como un… como un mono de provecho y di lo que tengas que decir. No uses muchas palabras, anda, que la gente querrá su galleta de hoy.
– ¡Qué borde te pones! Si no estuvieras tan buena… Vale, vale. Deja el hielo verde para otro rato, que allá va. He decidido ampliar el edificio, eso es todo. Y que quien quiera pasar un par de días en el espejo disponga de su apartamento. O, si prefiere quedarse temporadas largas, también.
– ¿Pero quieres explicarte?
– Ni que fueras la única capaz de usar metáforas, jefa. Ya va…
– Dale.

– La cuestión es que estaba un poco harto de trabajar yo solo con el mismo material relamido para contar la misma cosa de diferentes maneras. Estuve paseando por la red unos días, pensando qué podía hacer con un espacio tan majo y tan bien arregladito como La voz del espejo y  me di cuenta de que somos muchos en mi situación. Nos rompemos los cuernos para publicar algo en algún sitio y que nos lean.
– Mira, en eso estoy de acuerdo.
– Montaría una editorial gratuita, pero las cosas gratis son caras, así que lo que he montado es una especie de revista online.
– De corrector a director en un plis ¿no?
– De momento somos muy pocos y yo más que dirigir, que también, coordino. Dentro de poco no necesitaremos coordinación, somos un buen equipo. Hay escritores e ilustradores. Buscamos fotógrafos, músicos, escultores, pintores, cocineros, metereólogas, pitonisos y lo que se tercie. En el espejo cabemos todos.
– Pero ¿Qué quieres conseguir?
– Quiero una comunidad de animales de todas las especies. Hemos empezado con el horror en honor a ti, jefa, pero en el espejo cabemos todos. Ahora mismo tenemos cubierta la sección de internacional y una tira de imágenes.  Imagina lo que se puede hacer si toda esa gente que escribe, dibuja, canta, baila, hace macramé y juega a los dardos decide hacer algo en equipo.  Todos juntos.
– Te vas pareciendo al anuncio aquel de Coca- Cola, Max.
– No jorobes, jefa, que no es eso.
– A ver si lo he entendido bien: te crees que eres más listo que Facebook, Twitter y que todos los demás ¿no? Y así vas a crear una comunidad nueva y reluciente donde los creadores del mundo dejen sus egos a un lado y publiquen sus creaciones por la cara con la esperanza…
– Vete a la mierda.
– Ese es mi chico.
– He creado un escaparate para todos aquellos que quieran mostrar lo que hacen o que quieran mostrarse ellos. Y ya sé que soy un chimpancé de mierda y que llegaré lo lejos que los demás quieran llegar conmigo, ni un paso más. Se trata de difundir. A ver, jefaza ¿Qué has hecho tú al respecto?
– Pues mira, tengo aquí una entrada de blog que explica estupendamente por qué yo escribo prácticamente gratis…
– Al final nos entenderemos, verás tú.
– Venga, anda, di a donde tienen que escribir tus creadores para salir en el escaparate ese. Y ya de paso nos pones un link, que sé que te gusta.
– Nuestro correo es inquilinosdelespejo@gmail.com
– ¿Y el link?

– Este
– Vale. Ahora vámonos de copas, que te hace una falta.
– Joder, jefa, que no hay derecho a que me trates así.
– Haberme dado los quince días de aviso antes de largarte.
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