Estructura: Janne Teller y Penélope Fitzgerald

por Alicia Pérez Gil

Janne Teller
Hablaba el otro día en mi blog de una buena novela: Nada, de Janne Teller. Poco después de terminarla tuve la suerte de toparme con La librería de Penélope Fitzgerald. Hoy les he echado una segunda ojeada porque de las dos me ha impresionado la claridad de la narración, la falta de artificio que yo persigo para En el país de los ciegos.

Por supuesto, el estilo de cada una es distinto, aunque las dos son sobrias y desprenden naturalidad. No hay nada estridente en ninguna de ellas. Y esa carencia de aparatosidad comienza en los mimbres mismos de la estructura, ese monstruo de cimientos insondables que se convierte para mí en el enemigo número uno. Me temo que por la ambición de inventar una tan novedosa y original que la posteridad me recuerde por ello.

Estas dos señoras, una danesa y una inglesa, me han enseñado que tanta pretensión es una soberana estupidez. Para contar bien una historia hace falta tener una historia y enfrentarse a ella sin rodeos. 

En Nada, los acontecimientos se suceden en estricto orden cronológico y siguiendo una gradación ascendente de horror. Los capítulos se encadenan de manera lógica y la separación entre uno y otro sirve más para dar un respiro al lector que para separar la acción. 

C1 y 2.- Pierre Anthon se sube al árbol.
C3.- Se vuelve molesto y sis compañeros deciden bajarle del árbol a pedradas.
C4.- Fracasan y Sofie tiene la idea de mostrarle que hay cosas que importan
C5.- Primeros sacrificios a la montaña de significado
C6 a C17 .- Sacricios de todo el grupo de niños.
C18.- Los niños son descubiertos
C19.- Aparece la prensa
C20.- Pierre Anthon no reconoce el significado
C21.- Los niños se dan cuenta de su derrota
C22.- Impass. Se vuelve al punto inicial.
C23.- Crimen final.
C24.- Se reparten las cenizas de la montaña
C25.- Fin

Lo mejor de esto son los finales y los principio de cada capítulo, que se resueleven con elipsis brillantes. Brillantes porque eliden, la misma palabra lo dice, elementos del todo innecesarios que son aquellos en los que yo me entretengo. Las ramas que no te dejan ver ni los árboles. Del bosque ya ni hablamos. A nadie le importa la discusión detallada de los chavales para llegar al acuerdo de cómo construirían la montaña de significado o qué está permitido y qué no por sus reglas. La historia es de una coherencia interna tan inquebrantable que no tiene fisuras. Lo que está dicho en esas páginas es la verdad incontestable.

158 páginas precedidas de una larga labor de pensamiento y encaje. Seguramente Janne Teller conoce esa discusión, conoce los sentimientos de los padres de la protagonista cuando descubren en qué se ha metido su hija, y tantas otras cosas que son necesarias para CONSTRUIR la historia, pero no para CONTARLA.

Y vuelvo a acordarme del famoso iceberg de Hemingway y de una frase de So Blonde acerca del ritmo: Nena ¿A quién le importa de qué color eran los cordones de los zapatos favoritos del tatarabuelo? ¡Al lío! ¡vete al lío! La frase no era exactamente esa, pero el significado es claro.

Así que dos lecciones en una sola novela (y lo que me queda): Menos es más (menos artificio es más expresividad) y si de más haces menos, mejor (de más información, menos páginas, pero con sentido.

Penelope Fitzgerald

En La Librería las cosas también ocurren según un estricto orden cronológico, están contadas desde la perspectiva del presente, sin ninguna concesión a la nostalgia ni a las tonterías, en un tono eminentemente práctico y dando la impresión de que es la modestia del personaje principal lo que cala la novela de simpleza. Donde digo modestia léase simpleza, sí, pero no estupidez. Todo es mediocre. Pero medicre del medi, del aura mediocritas romana, la dorada medianía y no lo cutre.

10 capítulos y 186 páginas. Poca cosa ?¿no?

C1.- Presentación de la protagonista
C2.- Presentación de la casa donde transcurre la mayor parte de la historia
C3.- Presentación del pueblo como elemento hostil 
C4.- Inauguración de la librería
C5.- Primeras dificultades y solución
C6.- Presentación del ayudante
C7.- Toma de contacto del enemigo
C8.- Comienzan las acciones por el cierre de la librería
C9.- Se pierde al ayudante
C10.- Fin

Nada más sencillo, y aseguro que la lectura de esta historia me atrapó durante los dos viajes en metro que me llevó terminarla. Una novela limpia, sencilla, demoledora pero ágil e incluso ligera. Sí, como si se pudiese apisonar con ligereza. Pues parece que se puede.

Penelope Fitzgerald hace pasar el tiempo (mi otro talón de aquiles) de la manera más tonta: a golpe de calendario. La historia de la señora Florence Green transurre a lo largo de un año y la autora no tiene el menor reparo en decir en qué mes nos encontramos en cada momento. y yo me rompo los cuernos con los conectores, los dobles espacios y demás monsergas.

En fin, que aquí tengo este par de buenos ejemplos de mujeres escritoras que resuelven mis problemas sin despeinarse.  Dejo el comentario a disposición de todo aquel a quien pueda servirle y me vuelvo a mi estructura, a trabajar en los hechos y en los detalles, que son los que de verdad construyen una historia.
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