Tetes y Tetas

por Alicia Pérez Gil

Los estímulos consiguen efectos curiosos que se acentúan, en ocasiones, gracias a la capacidad asociativa. Si  los pequeños clicks inducidos por los primeros son correctos, se crea una corriente de deducciones e inducciones que, con un poco de suerte, termina en epifanía.

Mis estímulos:

1.- Una novela de la que no leí más que diez páginas porque me pareció soporífera.

2.- Un documental de callejeros en Valencia. “Tetes y tetas”.

3.- Un enfrentamiento entre autores en Facebook.

Mi epifanía:

No hay mucha diferencia entre un DJ de Benidorm que quiere ser como un ex tronista de Hombres y mujeres y viceversa y algunos escritores.

Lo digo con dolor, porque yo escribo y me creía un poco más allá de algunas actitudes, de algunas junglas, de algunas pretensiones.

El Duke, DJ número uno de Benidorm; donde si no estás tan bueno como él no te comes nada,  según explica de sí mismo, es un tío chulo, chulo. Muy chulo. Se dedica en exclusiva a definir sus músculos para llevarse a la cama la mayor cantidad de mujeres posibles en una noche.  Habla de sus logros, de su calidad como cuerpo diez, de lo mucho que liga, del póster gigante que anuncia su show en la discoteca que sea. Se acerca a su círculo de fans y recibe un baño de multitudes. Está encantado de conocerse. Desde su punto de vista no hay nadie en todo el mundo –Creo que el mundo es Benidorm, pero quizá abarque más terreno.-  capaz de seguir su estela y se refiere a todos los demás, a todos nosotros, a todos vosotros, como “la gente común”.

Y ahora llegan mis problemas para escribir el resto del post. Porque toca ponerles nombres a las personas del gremio literario amateur con las que me codeo a diario y aquí me puede el pudor. De un desconocido se puede decir impunemente que es un chulo pagado de sí mismo, pero de personas con capacidad de réplica… Pues menos ¿no?

Sin embargo es cierto que varios autores que se han agrupado bajo nombres como “Generación Kindle” o “Indies”, viven en la red con actitudes muy parecidas. Verdad es que la mayor parte de las veces cambian chulería y morro por humildad aparente. Palabra clave: aparente. Porque ¿Qué tiene de humilde la autopromoción incansable que se basa en la repetición del número que se ocupa en las listas? ¿No es muy similar decir de uno mismo que es el tío más bueno de su barrio que decir que es el autor más vendido? ¿Si eres el tío más bueno para qué necesitas anunciarlo constantemente? ¿Si eres el autor más vendido qué necesidad hay de seguir gritándolo a los cuatro vientos?

Cuando al Duke se le dan las cosas mal o alguien le enmienda la plana se enfada. Mucho. Porque es un gallito en un corral donde, por más que le moleste, hay más gallos. Y la mayor parte de ellos creen, como él, que se han ganado el derecho a colocarse en el palo más alto.

Cuando alguien ajeno al grupo dice algo negativo acerca de estos autores Kindle, saltan las chispas. Se habla de envidias, de que se han creado bandos, de que se les hace boicot. Las conversaciones que he visto suelen terminar con exhortaciones a dejar la pelea con “los otros” para no ponerse a su altura. Antes, no obstante, de llegar hasta ahí, ha habido paños de lágrimas, palmadas en la espalda y orfeones enteros coreando las bondades del autor o autora supuestamente atacado.

Si un libro obtiene malas críticas o desciende en las listas de ventas nunca se debe a la calidad del mismo o a que haya variado la tendencia del interés del lector. Los únicos motivos que se manejan son las maquinaciones ajenas, de grandes grupos editoriales o de autores malvados, egoístas, de oscuras intenciones y peores almas, que pasan las horas escondidos en madrigueras inmundas planeando la caída de los top cien.

Las opiniones positivas acerca de la propia obra se toman, de manera natural, como bienintencionadas, puras, carentes de doblez. Las malas críticas son factura del diablo. Los que opinan según nuestro criterio aciertan; los que lo hacen en contra ofenden y se equivocan.

Pero yo he leído extractos de las novelas de unos cuantos de esos autores bien posicionados en Amazon y no son excepcionales. Hay muchas aceptables, muchas divertidas incluso, pero no he leído ninguna de una calidad literaria sobrecogedora. Ninguna que me haya hecho pensar que merecía un premio. Y yo leo desde que me enseñaron el alfabeto. Soy además una buena lectora, activa, inquieta, exigente. No creo que mi criterio sea el único válido, pero sí es el criterio que da permiso o no a mi mano para gastarse el dinero en un libro u otro.

Y esta lectora está cansada, muy cansada. Porque la presión de un grupo de autores se está convirtiendo en un obstáculo a la hora de expresar mi opinión como como consumidora. Quiero poder decir, con la misma libertad con la que digo de los artículos de Reverte que me parecen infumables, que una obra autoeditada  me parece aburrida, mal acabada y que no merece la pena comprarla. Quiero que los autores que se consideran profesionales y que me cobran por sus obras se porten como tales y dejen de llorar por las esquinas cada vez que alguien se mete con ellos.

Somos adultos. Todos. Y cuando un adulto se expone a la opinión pública no le queda más remedio que asumir que el público tiene una opinión. La que sea. Y público somos todos: los que alabamos, los que denostamos y los que nos mostramos indiferentes.

NOTAS DE LA AUTORA

1.- No, no creo que tenga más mérito escribir una novela que pasar cuatro horas diarias en un gimnasio. De hecho yo soy capaz de lo primero, pero no de lo segundo; así que no me parece peyorativo comparar a un autor con un DJ cachas.

2.- Espero que todos y cada uno de los autores de la Generación Kindle vendan mucho. Que vendan docenas de libros diarios, todos ellos. Nunca he creído que un autor sea competencia de otro. Por muchas razones, pero sobre todo porque se lee mucho más rápido de lo que se escribe. Un  escritor es un escritor, pero un lector tiene sitio para muchos autores.

3.- Tengo dos obras publicadas en Amazon. Los fragmentos gratuitos dan una idea aproximada de la calidad de ambas. Sois muy libres de hacerles las críticas que consideréis. Lloraré, quede claro, pero lo haré en privado porque los trapos sucios se lavan en casa.

4.- No hago muchas reseñas, no se me da bien. Sin embargo, esta entrada es mi manera de darme permiso para opinar con libertad, sin ánimo de ofensa, acerca de lo que lea.

5.- Muchas gracias por llegar hasta aquí.
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