Víctimas

por Alicia Pérez Gil



En el código penal español se divide en libros, capítulos, secciones y libros. Nos interés el libro II: De los delitos y sus formas. El tercer libro habla de faltas y se podrán aplicar a ellas las mismas conclusiones que a sus hermanos mayores.

Bien. Hagamos un esquema para que quede todo claro:

Título I. Del homicidio y sus formas
Título II. Del aborto
Título III. De las lesiones
Título IV. De las lesiones al feto
Título V. Delitos relativos a la manipulación genética
Título VI. Delitos contra la libertad
Título VII. De las torturas y otros delitos contra la integridad moral
Título VIII. Delitos contra la libertad e indemnidad sexuales

Hay más, pero me voy a quedar con estos que son los que me llevan dando vueltas a la cabeza un par de semanas o tres.

Esto va a ser un poco tendencioso desde el principio, así que podéis dejar de leer aquí. En cualquier caso y para que nos entendamos: Homicidio y aborto van de matar. De seres humanos que estaban vivos y pasan a estar muertos (la discusión acerca de la vida del nasciturus para otro post). Lesiones, lesiones al feto y tortura van de hacer daño físico (con matices, pero básicamente van de eso, de pegar y hacer pupa: romper brazos, cortar pies, golpear, rajar…). Delitos contra la libertad va de secuestros, retenciones ilegales, amenazas y coacciones.

Delitos contra la libertad e indemnidad sexuales. Este es el título que me deja con los ojos más abiertos que los finales de mis propios relatos. Veamos qué contiene: agresiones, sexuales, abusos sexuales, acoso sexual, prostitución y exhibicionismo.
Hagamos una pequeña comparación entre Lesiones y Agresión sexual.

LESIONES

El que, por cualquier medio o procedimiento, causare a otro una lesión que menoscabe su integridad corporal o su salud física o mental, será castigado como reo del delito de lesiones con la pena de prisión de seis meses a tres años, siempre que la lesión requiera objetivamente para su sanidad, además de una primera asistencia facultativa, tratamiento médico o quirúrgico. La simple vigilancia o seguimiento facultativo del curso de la lesión no se considerará tratamiento médico.

AGRESIÓN SEXUAL

El que atentare contra la libertad sexual de otra persona, utilizando violencia o intimidación, será castigado como responsable de agresión sexual con la pena de prisión de uno a cinco años.

Cuando la agresión sexual consista en acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de miembros corporales u objetos por alguna de las dos primeras vías, el responsable será castigado como reo de violación con la pena de prisión de seis a 12 años.

Por algún motivo el delito de lesiones castiga el resultado (el que causare) mientras que el delito de agresión sexual castiga el hecho de agredir (el que atente), independientemente del resultado de la agresión. Salvo si hay acceso carnal, en cuyo caso dicho acceso se castiga más y mejor y tiene nombre propio: violación.

La pregunta es ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia real entre que alguien te tire en el suelo, te patee hasta quedarse exhausto, te reviente el hígado, los pulmones, el bazo y destroce tu sistema digestivo y que alguien te tire al suelo, te levante la falda y te desgarre la vagina y el ano?

Bazo, hígado, pulmones e intestino versus ano y vagina. ¡Ah! y boca.

Francamente, yo lo tengo claro. Los señores y señoras que aprobaron la reforme penal de 1995 parece que no tanto. A estos señores y señoras les parece completamente diferente una cosa de la otra y mucho más grave una cosa que la otra. Dejo el corta-pega, pero podéis ver la diferencia de penas aplicables a uno y otro delito en cualquier rincón de Google.

La pregunta sigue siendo la misma ¿Por qué? ¿Qué tiene la libertad sexual que no tiene la libertad de movimientos? ¿Qué tiene el útero que no tiene una pierna? ¿Qué esconde el recto que no se encuentra en el corazón? Vale, hasta aquí la ironía fina. Al final hice una carrera y algo recuerdo. Desde la publicación del código ha existido la polémica acerca de la sobreprotección de la mujer en el caso de delitos de naturaleza sexual. Y desde que lo sé me toca las narices, pero ahora más. Cosas de la edad, supongo.

Hay que proteger las sacrosantas cavidades femeninas porque hay que perpetuar su sacrosantidad. Así nos aseguramos todos de que ellas no puedan jugar con su cuerpo y de que ellos sí puedan hacerlo –jugar con los cuerpos de ellas.- El cuerpo no es un templo. Para empezar. Y, en caso de serlo, el cuerpo femenino no es más templo que el masculino. En mi caso no es tampoco un parque de atracciones, que para algo tengo inculcadísimo en mi bulbo raquídeo el concepto de culpa judeocristiano, pero desde luego no es objeto de culto. De hecho, voy a cambiar la proposición:

TODO MI CUERPO ES UN TEMPLO. Todo él, no sólo mi aparato reproductor, mi boca y mi culo. Quien me aplaste un dedo merece la misma reacción legal que quien me lesione un pecho. Quien atente contra mi vagina atenta contra mí del mismo modo que quien atente contra mi espalda. En serio. Toda yo valgo lo mismo. Entera. No quiero que encarcelen a un hombre durante doce años porque ha conseguido colarse en alguno de mis huecos y que dejen libre en seis meses a uno que me he partido los pómulos.

Vivimos en un país en el que todo el mundo presume de su frenética actividad sexual o se queja de su carencia de ella. Si el sexo se ha normalizado de verdad, si las mujeres han normalizado su relación con el sexo ¿Por qué una agresión sexual se castiga con saña y una agresión no sexual no? ¿Por qué es más degradante una penetración no consentida que una paliza en toda regla?

Pero no es verdad: sigue existiendo un doble rasero que castiga el instinto sexual femenino y premia el masculino. Nos fastidiará, pero es así. El mismo rasero doble que hace que un hombre que sufre una violación deje de ser hombre pero una mujer continúe siendo una mujer (analizad un momento las frases hechas, los diálogos de cine, lo que oís en el metro); el mismo que busca en la víctima femenina algún resquicio de culpa antes de darle credibilidad pero que en ningún caso acusa al hombre violado o abusado de ir provocando.
Ayer hablaba en Facebook con unos chicos muy majos, uno de ellos enfadadísimo porque las mujeres defienden a sus maltratadores y en ocasiones a sus violadores. No hay mucho que decir al respecto. Aún estamos en los albores de la transición de la autoconciencia del valor de la mujer. Tras siglos de oír que somos inferiores, lo hemos creído. Afortunadamente se oyen cada vez más voces de hombres y de mujeres que dicen lo contrario; que dicen que tenemos el mismo valor intrínseco de ser humano los hombres y las mujeres. Pero muchas no son todos. Ni siquiera son la mayoría. De hecho, la ley dice que hay que protegernos más que a ellos. A ver si eso no va a ser un signo de algo.

Siguen televisándose monólogos supuestamente cómicos que basan su comicidad en que las esposas no saben satisfacer las necesidades sexuales de los esposos. Diréis que a Felix el gato le queda poco para la jubilación, pero es que el último que yo he visto lo recitaba un jovenzuelo soez y vulgar en Paramount Comedy. Da miedo.

Sigue usándose la misma imagen de pin ups en publicidad… Hablaremos mañana o pasado de esto. Hoy estoy un poco triste y un mucho cansada.

Vosotros y vosotras pensáoslo: ¿Os dolería más una penetración anal o que os amputaran un brazo?
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