Alicia Pérez Gil

por Alicia Pérez Gil

Alicia Pérez Gil

Buenas tardes:

Este día tenía que llegar. Lo sabíamos desde hace tiempo, aunque no quisiéramos enfrentar la verdad. Las despedidas son tristes aunque vengan empapadas en alcohol, cánticos y abrazos.

Amigos nuevos y amigos antiguos  nos hemos reunido alrededor de estas páginas. Nació el blog con una vocación concreta: mostrar lo que veía en mi ciudad. Por eso se llamó “Madrid para compartir”. Pronto se me quedó pequeño el nombre. No en vano las revoluciones a las que se mueve mi cabeza establecen una rotación convulsa en mi lista de intereses. Cuando me di cuenta de que lo mismo me daba escribir sobre flores que sobre lagartos prehistóricos, cambié el rótulo: “Personal y transferible”, lució en nuestra portada durante más de un año.

Este último mes se leía “Mi guindo y yo”. Es verdad: cada día que pasa, más alto se hace mi guindo y más magulladuras me quedan tras las caídas. Así soy. Y, aunque creo en la evolución del ser humano y en la mía propia, espero no renunciar nunca a mi capacidad para la sorpresa y el desengaño. Excepto que las personas ya no me desengañen más porque se decidan a mostrar su cara más amable. Esa que esconden -que escondemos- bajo capas de miedo paralizador.

Cierra el blog. Por traslado.

Sonreid, que os vea bien. Ahora me he instalado en mi nombre, que no son más que seis letras. Sin descripciones, sin adornos vanos, sin más pretensión que la de continuar: hacia la mejor versión de mí, hacia los mejores textos que sea capaz de escribir, hacia los pensamientos que más felicidad me procuren.

http://www.aliciaperezgil.com

es mi nuevo paradero y deseo que sea el vuestro. Deseo que nos veamos por allí tan a menudo como nos hemos visto por aquí. Quizá más limpios, más vacíos de equipaje. No empieza de cero: me he llevado todo lo que aquí había porque no es mío solo, sino vuestro; pero lo he recolocado en una habitación diáfana. Faltan detalles que pulir, pero los cimientos están puestos.

Ahora soy Alicia. Solo Alicia.

¿Por qué? Porque bajo mi nombre cabe todo lo que cabe en mi cráneo. Porque soy todo lo que soy, escribo todo lo que escribo, pienso todo lo que pienso y me abandono cuanto me abandono. No puedo, con rigor, colocarme ningún cartel: se me hacen viejas las descripciones, pero mi nombre y mis apellidos van conmigo. Hoy tengo mi edad, mañana tendré otra. Hoy soy morena, mañana pelirroja; hoy escribo, mañana quizá cante. Y seguiré siendo yo. Una vez aprendido eso, solo queda vivir de acuerdo con ello.

Os espero.

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