Levitación de hoy

por Alicia Pérez Gil

Image

El problema de tener más aficiones que pétalos una margarita con profusión de pétalos –o por lo menos dos aficiones- es que no encuentro la manera de equilibrarlas. Ya me pasó la primera vez que visité París, cuando no sabía lo del síndrome Stendhal y describía mi confusión mental como “la sensación de que si miro a la derecha traiciono a la izquierda, porque todo es tan bello que merece mi atención. Pero estoy tan saturada y en cambio no abarco…”

Eso me pasa, salvando las distancias, con la escritura y la fotografía. En ambas disciplinas he creado proyectos que he desarrollado solo en parte y que se han parado porque la una se he metido en los dominios de la otra de tal modo que un impulso fotográfico ha detenido el hilo de una novela o el argumento de un relato ha detenido una serie de fotografías.

Debo de ser el animal más diferente de la oruga oso lanudo del ártico. Yo no he conseguido nunca mantener mi foco en la misma actividad durante el tiempo suficiente para terminarla de manera satisfactoria. Hasta el momento.

Hoy me he topado con la web de una mujer japonesa, fotógrafa, que trabaja principalmente en autorretratos levitando y retratos de gatos (que no levitan). Esa es la descripción de su trabajo que hace en la página. Me he puesto a trastear he encontrado algunas fotografías muy impresionantes.  Claro, mi reacción primera ha sido pensar que yo también tengo una visión  fotográfica del mundo y que hace mucho que no saco de paseo a la Camarona y que, y que, y que… ¡Jooooooo!

Sí, más o menos esa ha sido mi construcción intelectual. He pensado que jo y que yo y que jo y que yo. También he visto ángulos y colores y me he sentido bien apretando el disparador y esas cosas. Mentalmente. Me pasa CADA VEZ que me planto ante el buen trabajo de un fotógrafo. Igual que me pasa cuando leo una buena historia que quiero escribir una tan buena o mejor. O por lo menos la mejor historia de la que yo sea capaz.

Diréis que vale, que soy una persona con aficiones e intereses y que puedo dedicar, por ejemplo, los días laborables a escribir una hora diaria y los fines de semana a sacar fotos ¿Es que creéis que no lo he intentado? ¡Os equivocáis! He intentado organizar mi tiempo, he intentado seguir mis impulsos, he intentado reprimir mis impulsos (esto es lo que menos resultado me ha dado) y hasta he tratado de definirme como una mujer del renacimiento, pero no sirve. Parece sencillo, parece que no podría aburrirme nunca y que, dado que no tengo hijos ni mayores responsabilidades que trabajar para pagar la hipoteca de las narices, dispongo de cantidad de tiempo para dedicar a hacer fotos y escribir historias.

Hay algo con lo que no contáis: el mundo está lleno de estímulos: Bricomanía me llevó a las más bajos fondos del bricolaje y ahora tengo la casa llena de mesillas y secreteres a medio restaurar. Operación Triunfo me sumió en un mar de deseos de fama que se saldaron con la compra de unos micros para la Play Station II; deseos que no ha perecido por culpa de quienes me regalan los grandes éxitos de los Jonas Brothers en modo Karaoke para deleite mío y desgracia de mis vecinos. Alguna buena película me inculcó el gusanillo por los escenarios y tengo mi buen cursito de teatro a las espaldas. He comenzado un vídeo musical en stop motion, he hecho bocetos de mis gatos para ilustrar y vender tazas, he decorado velas, leo las cartas del tarot… ¿Es que no lo véis? Soy como Sadako: NO PUEDO PARAR.

Image

Así pasa, que tras la tempestad llega la abulia.

En cualquier caso, estoy agradecida. Mucho. Porque todas esas cosas que hago se me dan razonablemente bien y las disfruto mientras las practico. Las disfruto mucho. Recuerdo cuando compré mi primera réflex digital y me leí el libro de instrucciones. Las primeras fotografías fueron malísimas. Todas excepto un par, que me gustaron. Y ese par de fotos me llevó a pensar que quizá probando de aquella otra manera… Y así, tirando de hilos, descubrí nuevas salas de exposiciones en Madrid, nuevos planes, posibilidades inexploradas. Gracias al Singstar conocí un poco mejor a Emilio. Gracias a Bricomanía tengo un bonito mueble estilo vintage que me encanta. No llego a las notas más altas y desafino en cuanto abro la boca. Mis mesillas están desconchadas y no cierran bien.

Es muy posible que nunca llegue a ningún sitio. Es muy posible que no consiga miles de millones de lectores, que no me haga rica con las ventas de mis libros, ni de mis fotos, ni de mis velas, ni de mis tazas. Sin embargo hoy sé que soy afortunada porque me doy a mí misma la oportunidad de recorrer caminos diferentes, de disfrutar rutas alternativas. Y cumpliré sin posibilidad de error el perfil del aprendiz de todo y maestro de nada, claro. Pero también creo en el eterno retorno y en que las cosas no terminan cuando parece que terminan. Ahora me toca caminar sin rumbo. O con muchos rumbos. En otra ocasión me tocará enseñar lo aprendido.

A fin de cuantas dicen de los viajes que lo más importante no es el destino.

 

Anuncios