A por ello

por Alicia Pérez Gil

ImageLlevo unas semanas sin escribir y hoy me ha entrado una especie de depresión aguda porque el único motivo para hacerlo que encontraba es que, si no publicaba un nuevo artículo, el blog perdería lectores. De una manera mágica, verbalizar mi terrible miedo al anonimato y el ostracismo, me ha puesto de buen humor; lo que ha llevado a mis dedos hasta el teclado ¿Consecuencia?: Aquí estamos: ¡Hola!

Estas semanas de sequía las he empleado en escribir… otras cosas. Y en observar mi entorno tanto como a mí misma. Así he descubierto que la práctica del desapego es sencilla siempre que el pegamento sea de los chinos. Ejemplo: hoy he llegado a la oficina tras siete días de vacaciones y me he encontrado con una petición tocapestañas. Mi estómago se ha portado como suele y un acceso de ira ha amenazado con concretarse en lo más profundo de mi ser antes de que sonaran las nueve. Me he dicho que no era plan, me he recordado a qué vengo yo aquí a diario y el cabreo se ha disipado como mandan los cánones. Resto de la mañana sin novedad.

En cambio, leo cosas en Facebook que me ponen muy enferma y no consigo desapegarme de la enfermedad. Cosas como que es imposible vivir de la literatura, que el negocio va fatal.  Y se me cruzan los cables. Asumamos que la industria literaria no da ni para la factura eléctrica. Asumamos que los escritores vocacionales deben tener otro trabajo que vista sus cuerpos pálidos, llene sus buches y sufrague el coste de sus gafas de pasta. Vale, asumido queda. Ahora que hemos integrado esa creencia en nuestro ideario particular, demos un repaso a los hechos: Existen escritores que viven de su trabajo como escritores. Algunos de ellos me caen mal y otros no tan mal. Almudena Grandes vive de lo que ha escrito. Redacta artículos para prensa, saca su novelita cuando toca, ha vendido cosas al cine y no parece que se muera de hambre ni que vaya cubierta de harapos. Ídem de Reverte (adivine el lector quién me cae bien y quién mal, sin conocer a ninguno de ellos.).

Existen los escritores de éxito. Es un hecho.

Existen los escritores que no venden ni una escoba. Es un hecho.

Existen los escritores modestos que van tirando. Es otro hecho.

Tres opciones, tres, se nos abren en abanico ante los ojos, así qué ¿Por qué difundir la idea de que es IMPOSIBLE ganarse la vida escribiendo? Se dice que es una cuestión de realismo y matemáticas: son muchos los del grupo tres (venta mínima) y pocos los del grupo 1 (venta abundante). Se dice que hay que tener esto en cuenta y que hay que escribir si se tiene la vocación pero no esperar nada de ello.

Se dice también que todo el pescado está vendido, que nadie nuevo se abrirá camino, que el mercado está copado, que quien llegara antes se habrá llevado toda ganancia y que por tanto es mejor abandonar la esperanza de cobrar dignamente por el trabajo de uno.

No se me ocurren mejores maneras de desanimar a quienes aspiran a dedicarse a lo que de verdad disfrutan sin ejercer de camino la mendicidad. No sé en aras de qué realismo se difunden estas ideas por la red. No sé cuál es el objetivo. Para hablarnos de la crisis ya están las noticias, los noticiarios, nuestros padres y nuestras cuentas bancarias. Si los seres humanos no pusieran todo su empeño en hacer lo que les da la gana porque les da la gana o lo que les hace felices porque les hace felices, yo no disfrutaría tanto con Internet. Por ejemplo.

Así que escribamos, dibujemos, saltemos a la cuerda y hagámoslo con la intención que nos parezca mejor. Si queremos hacer dinero con nuestra obra, sea la que sea, trabajemos para conseguirlo. Tengamos en cuenta las dificultades, claro, pero no nos demos por vencidos antes de empezar. Si corremos por placer o porque entendemos la vida sobre unas deportivas y de ninguna otra manera ¿Qué más da que nos paguen el kilómetro a precio de adamantium?

Hay escritores, músicos, deportistas y hay oportunidades.

Que nadie nos convenza nunca de que nuestros éxitos son imposibles.

 

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