Cincuenta sombras de Grey

por Alicia Pérez Gil

Cincuenta sombras de Grey libro

Leer, en ocasiones, te pone frente a obras de gran calado intelectual, de calidad envidiable, inspiracionales, sinceras. Obras que te habría gustado escribir. A mí me pasa con todo lo de Philip Claudel. Otras veces, la moda, las tendencias, la curiosidad y las ganas de aprender te llevan a las páginas de libros como la trilogía “Cincuenta sombras”. Cuando, además, te formas opiniones con cierta presteza y quieres compartirlas –que para algo te has hecho un blog-, calculas si es mejor ponerle al post el título que lleva o algo más parecido a “¿Por qué lo llaman sexo cuando quieren decir novela romántica lamigosa de las de señora en traje de época y hombre descamisado en la portada?”

Y te contestas: Porque lo que vende ahora es el sexo. Y la liberación sexual (que yo no he visto aún en mi entorno).

Pero vayamos por partes y analicemos con calma.

1.- ¿Qué es Cincuenta Sombras de Grey?

1.1.- Es un bonito ejercicio de plagio, para empezar. No hay mucha diferencia entre “Shades of Grey” y “Grey´s Anatomy”. Ambos títulos hacen juegos de palabras con el apellido de sus protagonistas y su característica principal: La Anatomía de Grey es un libro infame que mi hermana hubo de leer y memorizar para hacerse doctora. Además es el apellido de Meredith Grey. La anatomía, por otra parte, de los doctores de la serie es lo más importante de la trama (se pasan el día encamadísimos los unos con los otros). En la novela de tintes eróticos de E.L. James, Grey es el apellido del protagonista y sospecho que lo de las cincuenta sombras tiene que ver con aquello de que nada es blanco o negro, sino que existen multitud de tonos de gris. En este caso las sombras grises son los traumas del señor Christian Grey, acaudalado jovenzuelo con cierta tendencia al control compulsivo.

En el título termina la analogía… ¿O no?

1.2.- Es un fraude literario. Eso o yo soy muy tonta. Cuando aún no lo había leído, cuando sólo sabía lo que se contaba por las redes de Dios, creí que encontraría en su interior tórrido sexo desenfrenado, una relación de dominación, sadomasoquismo, brutalidad… No sé, algo nuevo. En cambio, tras las primeras cincuenta sombras y la mitad de las cincuenta más oscuras, he asistido a coitos repetitivos, injustificados (como los desnudos de esas actrices a las que sólo les ofrecen desnudos pero que luego aparecen en TV hablando de las delicias del guión) y a mucho hacer el “amor”.

El otro día leía en Facebook que una conocida mía tenía problemas en foros. Ella defiende que la novela es machista porque Anastasia Steele decide probar las mieles del sexo duro para conquistar a Christian Grey. En los foros la acusaban de mentir, de que en realidad a ella la escandalizaba el uso del término “follar”.

La escandalizada a estas alturas soy yo. ¿”Follar”? Se dice “follar” unas diez veces en todo el primer tomo y ninguna en la primera mitad del segundo. Hablo de cabeza, luego es posible que mis estadísticas sean erróneas, pero aseguro que no ando muy lejos del número correcto. Follar, follan poco; a cambio, la tal Anastasia es colmada, llenada, estalla en gloriosos orgasmos, se desploma sobre el pecho de Grey, arde con una corriente eléctrica que podría iluminar USA completo… En serio, da mucha grima leer las escenas de sexo. Son como esas películas de los ochenta, ese porno soft que no muestra más que los pechos de las mujeres, donde todo sucede fuera de plano y de los hombres no se ve más que el muslo y medio glúteo.

Por no hablar de los campos de margaritas estadounidenses, a estas alturas yermos. Venga a deshojar: me quiere, no me quiere ¿Por qué me quiere? Le quiero, no le quiero ¿Por qué le quiero? Que a mí me parece muy bien. Yo no tengo nada en contra de la novela romántica. Hace unos años devoraba las que mi madre compraba por error. Recuerdo la bonita portada de “Una rosa en invierno”, con la dama vestida igual que la Bella de Disney… Pero es que “Cincuenta sombras de Grey” se está vendiendo como novela erótica para mujeres. Como una cosa que nos dejará patidifusas, tras cuya lectura necesitaremos toneladas de pañuelos de papel que equilibren la humedad de nuestros organismos. Y no.

1.3.- Es una novela romántica. Nada más y nada menos. Lo es. Una heroína con la autoestima cuestionable encuentra un hombretón de pelo en pecho: rico, guapo, deseado, frío, con un secreto. Ella cae rendida a sus pies. Él cae rendido a los suyos. Se revela el secreto, hay un conflicto, se resuelve el conflicto, te chutas insulina para no morir de un coma diabético, hay más conflictos y sospecho un final feliz en toda regla. Ya os contaré. Está bien leer una novela romántica de vez en cuando. Pero sabiendo uno lo que lee.

1.4.- Es un producto. Y esto es lo más importante. Es un libro poco original, muy mediocre, vendido como una novedad explosiva y rompedora. Que a mí me cabree no quiere decir que esto no sea un acierto: se ha rodeado “Cincuenta sombras de Grey” del halo del sexo prohibido y han acudido a él, como moscas a la miel, las ávidas lectoras para las que está diseñado el reclamo. Un reclamo tan eficaz porque ha dado en el clavo exacto para su nicho de mercado. Pero esto lo hablaremos en el punto dos.

2.- ¿Por qué ha tenido tanto éxito “Cincuenta sombras de Grey”?

Si tenemos en cuenta que, para un aficionado a la literatura, resulta una novela tan plana, tan carente de todo lo esencial, que se hace difícil de leer, la razón debe de estar fuera de los criterios literarios. Pero no quisiera dejar esta afirmación sin argumentos, así que os lanzo un pequeño reto: encontrad una descripción de más de 40 palabras que no contenga las palabras “dios griego”, “atractivo”, “controlador”, “guapísimo” , ”rubio” o  “alborotado”; de ella sólo sé que es morena y que usa Converse. En libro y medio. En realidad toda la historia se resuelve con la repetición ad infinitum de las mismas veinte frases ordenadas de modo aleatorio.

De modo que vayamos a los criterios extraliterarios: ¿Por qué tiene un éxito arrollador una de las novelas peor escritas de los últimos tiempos? Porque está muy bien vendida. Nadie hasta el momento había acertado de manera tan clara al escoger el mensaje y el público al que va destinado. Vende sexo para mujeres de una generación desencantada del amor, mujeres víctimas del mito de la liberación sexual cuyas parejas son hombres normales igual que ellas son mujeres normales. Personas todas a quienes se ha inculcado que un encuentro sexual –o muchos- es una medida más del su triunfo como mujeres hermosas y deseables. Porque nuestra generación, y las que la siguen, DEBE disfrutar del sexo y debe hacerlo sin complejos.

Pero la realidad es otra y la autora de las “Cincuenta sombras” lo sabe bien. La realidad es que el sexo sólo es sexo, que hombres y mujeres acarrean sus deseos de la mano de sus complejos y que la vida real está llena de prejuicios. Ahora que los hombres pueden ser románticos, a las mujeres no se nos permite desear parejas humildes, delicadas, agradables y compatibles. Ahora, como debemos ser más competentes en más campos, más independientes en más campos y más autosuficientes en más campos, debemos desear hombres que nos permitan ser todo eso. Lo que no comprendo es el motivo de haber identificado nuestro valor como personas con la renuncia a una vida plena de pareja.

Así que hemos renunciado al amor romántico y por tanto a los signos externos del amor: Ya no compramos novelas románticas, sino graciosa chick lit y, un paso más allá, reclamamos literatura erótica porque nuestra necesidad insatisfecha de sexo debe ser colmada (¡Ja!, he usado “colmada”). Y aquí aparece “Cincuenta sombras de Grey”, vestida y maquillada para la ocasión: sexo, oscuridad, polémica. La polémica siempre ayuda a las ventas. Y un comienzo que podría resultar perturbador. Sólo un poco perturbador, pero lo suficiente.

Luego la historia se vuelve tradicional y sosa, pero el objetivo ya se ha cumplido. Y la mujer que ha renunciado al amor, se ha zambullido en un millar de páginas que rezuman dulce empalagoso salpicado de sexo que la misma E.L. James denomina “vainilla”.

3.- Es “Cincuenta sombras de Grey una obra sexista?

Hombre… Pues se puede leer desde cualquier perspectiva. A mí no me parece más sexista que cualquier otra, lo cual no es decir demasiado en su favor, la verdad. Anastasia Steele se adentra en el mundo de la sumisión sexual porque Christian Grey es el hombre que le gusta. Yo he visitado una multitud de castillos porque eran la afición de mi ex, por ejemplo. Y mi pareja actual se viene de exposiciones conmigo, cosa que antes no hacía. Toda relación implica cambios y adaptación. De hecho, yo me he adentrado mucho más en la arquitectura defensiva que la Steele en el sexo pervertido (no son mis palabras, lo juro).

La novela está escrita desde el punto de vista de ella, que se cuestiona con una constancia irritante… Él la adora, lo que también provoca cierta urticaria, y se aman ambos locamente pero las oscuras sombras de él impiden que la relación transcurra con fluidez… ¿Y por qué me suena esto a “Anatomía de Grey”? O a “Jane Eyre”, si nos ponemos.

Bueno, yo ya he dicho lo que tenía que decir: estamos hablando de un mal libro vendido con una técnica engañosa que ha encontrado el nicho de mercado ideal ¿Qué no os lo creeis? Pues leedlo. Pero avisados quedáis.

Anuncios