Sukkwan island

por Alicia Pérez Gil

David Vann, Sukkwan Island,pez libro

Leída con avidez. Había encontrado comentarios muy estimulantes que hablaban de esta novela corta como de una historia dura, muy dura incluso. Casi todos coincidían en la mejor calidad de una mitad sobre la otra, pero eso no me detuvo. Estoy en medio de una historia difícil de escribir, escabrosa, seca y viene bien buscar referencias externas. Así que busqué Sukkwan island, la encontré y la leí.

Sinopsis:

Una isla salvaje en el sur de Alaska, a la que solamente puede accederse en barco o hidroavión, repleta de frondosos bosques húmedos y montañas escarpadas. Este es el inhóspito decorado que Jim ha elegido para fortalecer las relaciones con su hijo Roy, a quien apenas conoce. Doce meses por delante, viviendo en una cabaña apartada de todo y de todos, colaborando hombro con hombro: parece una buena oportunidad para estrechar lazos y recuperar el tiempo perdido. Pero la situación, poco a poco, deviene claustrofóbica, asfixiante, insostenible.

Dice la página de la editorial que no para de recibir premios y que se la compara con “La carretera”. Yo también veo similitudes con ella, aunque la carretera en cuestión no pude terminarla. Un atragantamiento anti niño protagonista me lo impidió. En cambio, la historia de David Vann, quizá porque es más corta, menos densa y porque está escrita con un estilo tan plano que pasas por él sin el menor esfuerzo, sí la he llevado hasta el final.

Desde mi punto de vista, la novela tiene un problema fundamental: toda la primera parte está escrita desde el punto de vista del hijo; un chaval de 14 años, manipulado por su padre. Esto no es malo per se. Lo malo es que el autor ha perdido contacto con su adolescente interior, así que el personaje, sus motivaciones, su monólogo interior, sus reacciones, etc, son inverosímiles. Lo único que yo he conseguido creer han sido las conversaciones granadas de monosílabos. El resto me ha sonado a falso, impostado, artificial. Como una de esas recreaciones en cartón piedra.  Y cuando una novela de dos personajes comienza con uno que no se sostiene, malo.

El padre está mejor construido: un hombre débil, caprichoso, inconsciente. Algunas de sus acciones y reacciones también se me escapan. La evolución del hombre durante la primera parte cojea: no me convence, porque no me lo muestran, cómo llega desde un intento de suicidio hasta querer reconquistar a una mujer por radio. Aún así, alguna disculpa encuentro en el hecho de que es un señor inestable y, como acabo de decir, caprichoso. Usar el capricho como justificación se acerca mucho al Deus ex machina, pero bueno, me lo compro.

En la segunda parte sólo hay padre. No desvelaré lo que pasa con el hijo. Me gusta de esta segunda parte, ahora sí, el modo en el que el hombre justifica sus acciones. Los seres humanos estamos hechos para creer que somos buenos y estas páginas nos muestran hasta qué punto podemos manipular los hechos ante nosotros mismos para salvaguardarnos de nuestros propios defectos. Creo que es lo mejor de la novela.

El final también está bien resuelto. O al menos cae dentro de lo razonable. No me gusta el aspecto redentor; precisamente porque la pretendida dureza de la novela se pierde con él. Pero bueno, cada uno salva o condena a sus personajes según su voluntad. Aunque a mí en este caso me parece que merma la fuerza de la historia.

En cuanto a lo duro, lo desgarrador de la novela, yo no lo veo. El lenguaje, ya lo decía más arriba, es muy plano, muy pobre. Creo que eso se confunde con crudeza cuando no es más que simpleza y carencia de técnica. Falta identificación del lector con alguno de los personajes (de esta lectora, al menos). A mí eso me impide percibir las situaciones que se plantean como insostenibles o siquiera difíciles. Los conflictos están cogidos por los pelos, las dificultades resultan evidentes, Y, sobre todo, los osos hibernan durante el invierno.

Si leéis la novela comprenderéis esta última frase.

Yo no la recomiendo salvo para estudiarla. No la he disfrutado en absoluto.

Una novela dura con adolescentes es “Nada”, de Janne Teller. Esa sí la recomiendo.

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