Jim Morrison & Gregorio Samsa

por Alicia Pérez Gil

Jim Morrison, Kafka, aniversary

Por enésima vez, Jim se lamentó de que Gregorio fuese una cucaracha.

— Todos los años la misma canción…

— Tío, das mucho asco.

— Vale, yo soy una cucaracha, pero lo mío es metafórico. Tú eras un borracho de mierda.

— Ni de coña, colega. Una metáfora es el rey lagarto. Tú eres un bicho repugnante.

— No sé cómo te aguanto.

— Por las tías.

— ¿Me estás diciendo que no podría conseguir yo mismo una mujer?

— CU-CA-RA-CHA

Al otro lado de la barra, Max les observaba, cansado.  Limpiaba el interior de unos vasos ya impecables con un trapo blanco.

— ¡Eh, tío!

— ¿Otra, señor Morrison?

El fantasma se retiró la melena de la cara y mostró un gesto de soberano fastidio.

— ¿Para qué? Desde lo de París el alcohol no me afecta.

— ¿En qué puedo ayudarle, entonces?

— Veamos, tú eres un mono con cierta cultura.

— ¡Venga, Jim! No le hagas esto al chimpancé. Bastante tiene con servir copas a espíritus atormentados e insectos de ficción.

Jim no hizo caso de la cucaracha. Nunca se había distinguido por hacer mucho caso de nadie, en realidad.

— ¿Tú crees que este bicho asqueroso sería capaz de llevarse a una tía a la cama?

Gregorio levantó las patas delanteras y las agitó a modo de protesta. Le habría lanzado algo a la estrellita de rock a la cara, pero aquellas extremidades no se lo permitían. En cambio se dedicó a hacer mucho ruido con las mandíbulas al masticar su trozo de manzana bañada en burbon. Morrison ni se inmutó.

Max, por su parte, sonreía con la mitad de la boca. Efectivamente, el insecto tenía razón: todos los años la misma historia.

— Verá, señor. Mi jefa, por ejemplo, se derrite por usted, pero me consta que se ha acostado con el señor Samsa en más de una ocasión.

— ¿La dueña de esto es una mujer?

— Una que disfruta acostándose con cucarachas y dejando que le griten al oído que la gente es rara… muy rara.

 

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