Lucía Etxebarria en un reality: ¡Oh-Dios-mío!

por Alicia Pérez Gil

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Yo no sé si Lucía Etxebarría es una buena escritora o una escritora mala. No he leído ninguno de sus libros. He echado vistazos relámpago a su perfil de Facebook y no me parece que escriba mal sus posts ni sus artículos de opinión.  Más allá de estar o no de acuerdo con ellos, son amenos y correctos.

La mujer, eso sí, se hizo en su día con el Premio Nadal y el Premio Planeta. El año pasado dijo que se retiraba de la cosa literaria y este año participa en un concurso de telerealidad porque, dice, tiene que pagar sus deudas con hacienda.

Y Facebook se llena de indignados.

Imagino que los aficionados a la tauromaquia se echarían las manos a la cabeza cuando Ortega Cano hizo lo propio. Y es que a cada uno le duele lo que le duele; o sea, lo suyo. Quienes se escandalizan por la decisión de la Etxebarría son, sobre todo, escritores, aspirantes a escritores, lectores y snobs.

Al parecer, que una escritora galardonada forme parte del circo televisivo supone una especie de afrenta al gremio. Como si los autores fueran una hermandad cerrada, una logia familiar, una comunidad de algún tipo. Un poco igual que cuando una mujer mete la pata y eso se toma como ejemplo para ilustrar la incapacidad de todas las mujeres.

Hay que deshacerse de esos complejos. Porque no son otra cosa que complejos: lo que un individuo haga no ensombrece al de al lado. Igual que no le engrandece. Si Lucía Etxebarría fuese premiada por haber descubierto la cura del cáncer, el premio sería suyo, lo habría recibido ella. A mí no me haría mejor ni peor persona. Ni mucho menos me convertiría en una escritora mejor. Ni querría decir que los escritores son  mejores personas ni dignos de un mayor respeto. Así que el hecho de que se haya metido en un programa de telebasura no significa absolutamente nada para mí: mi calidad literaria es la misma, sea la que sea.

Amigos escritores y lectores, sentíos a salvo. Porque sentirse a salvo, sentirse digno, es cosa de uno mismo, no de lo que hagan los de al lado. Yo no creo que todos los escritores sean como Pérez Reverte, unos bocachancla arribistas. Ni creo que todos sean como Sánchez Dragó de incalificables. Ni siquiera creo que todos sean como Lope de Vega, unos mujeriegos (o unas hombreriegas), ni unos listos como Stephen King. Así que no, los escritores no son unos desesperados como la Etxebarría. No son un grupo de gente que le debe dinero a hacienda y que hace lo que sea para pagar.

Cada quien es cada quien y a cada uno le definen sus actos, no los del de al lado.

Dicho lo cual, se me ocurren unas cuantas personalidades del país que deberían plantearse lo de participar en concursos para pagar a hacienda, que somos todos…

 

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