Horrible accidente de tren cerca de Santiago: Telebasura

por Alicia Pérez Gil

Accidente, ten, santiago, infografía

El accidente de anoche cerca de Santiago es una tragedia. Más allá de las imágenes impactantes, 35 muertos son muchísimos muertos. Pero de nada sirve hablar de 35, de cincuenta o de un millón. Sólo importa un muerto: el tuyo.

No sé cuántos habéis pasado por una muerte cercana, no sé si habéis visto o tocado a un muerto. Yo sí. Hace muy poco. La muerte significa que se ha ido la vida. Esto parece una estupidez, pero es una obviedad que duele cuando la tienes delante. Los cadáveres son sacos vacíos en los que no queda nada de la persona que conocimos. Es duro y muy feo coger la mano de tu hermano, de tu padre, de tu marido, de tu esposa, de tu hijo y sentirla fría, dura, hueca, vacía. Eso es la muerte: una ausencia que no termina nunca, un agujero que nunca se llena. Una muñeca de cartón que sustituye a una niña de verdad.

Haced un recuento de amigos y familiares, de 35 personas a las que améis. Haced el ejercicio de imaginar que han dejado de existir, que viajaban en ese tren ayer por la tarde.

Anoche puse las noticias en la 1 de Televisión Española. Hoy mi cafetería de confianza había sintonizado el Canal 24 horas; no he visto la prensa escrita, pero en internet hay cientos de galerías fotográficas que muestran cuerpos cubiertos con mantas a los que se les ven los pies. Una compañera de trabajo me ha contado que anoche emitieron cómo los bomberos sacaban los cuerpos de los vagones de tren y los dejaban en las vías. Completamente expuestos.

Como decía, yo vi la noticia en la 1. Una voz femenina anunció que emitirían el testimonio de un testigo del accidente. Me quedé a oír lo que decía, para ver si explicaba cómo había sucedido; pero no era un testigo, sólo una persona que pasó por el puente, junto a la curva,  muy poco después del descarrilamiento. El hombre dijo que no podía confirmar nada porque no lo había visto. Cuando le despidió, la locutora dijo de nuevo que se trataba de un testigo. En la presentación podía estar dando una información errónea. En la despedida mintió. A continuación la pantalla volvió a las imágenes de los pies descalzos de los muertos. No me la quito de la cabeza. Le dije a mi pareja que apagase la tele, que eso ya no era una noticia.

La noticia es que hubo un accidente de consecuencias trágicas. La televisión debe informar de ello igual que debe informar de los hospitales a los que se ha trasladado a los heridos, de cómo puede ayudar la población civil, de cómo no debe hacerlo. Es vergonzoso, indignante, una falta terrible de humanidad y de respeto por las víctimas, mostrar los cuerpos inermes de los fallecidos, las muestras de dolor de los familiares ¿Cuál es la noticia ahí?

¿Cuál es la diferencia exacta entre ver cómo una madre desesperada se estira la cara con las manos en una horrible mueca de dolor y ver a Belén Esteban dando gritos a media tarde? Ninguna. Una de las dos imágenes aparece en el noticiario y eso le da cierto barniz de seriedad, pero no es cierto. No es digno, ni respetuoso ni humano emitir ese tipo de cosas y llamarlos noticia. Eso no es periodismo, es sensacionalismo barato, asqueroso, denigrante. Eso es TELEBASURA. Con todas las mayúsculas. Justo lo que se emite después de un anuncio de champú y antes de un publirreportaje de cuchillas de afeitar.

Un periodista, un programa de noticias serio, daría la noticia del accidente, vigilaría que la policía hace correctamente su trabajo, correría a RENFE a pedir explicaciones. Un periodista de verdad investigaría qué ha sucedido, lo denunciaría en su caso, informaría del tipo de medidas que se tomarán en el futuro para evitar nuevos accidentes. Un periodista freiría a la empresa y al sindicato de conductores, si lo hay. Los que buscan la sangre fácil y se olvidan de que esa sangre pertenece a personas no son periodistas ni son personas.

No deja de ser cierto que un periodista serio, para poder hacer su trabajo, necesita un público serio que busque la verdad, los hechos importantes y no el espectáculo gratuito. En este sentido yo tengo la conciencia muy tranquila: apagué la televisión.

Lean más y vayan más al cine si lo que quieren es una orgía de vísceras y acción. Los accidentes de tren, los terremotos, las inundaciones, las muertes por inanición y las violaciones, entre otros, no son espectáculos para entretenerles.

 

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