Es Sirius Black un buen Gary Oldman

por Alicia Pérez Gil

A María, con amor.

EL prisionero de Azkaba, Harry POtter, ALicia Pérez Gil, JK Rowlin

Este post empezaba así: algunas cosas hay que leerlas en el momento adecuado. Sin embargo no es verdad: todo sucede en el momento adecuado… o no sucede.  Hace un año que me hice con toda la saga de Harry Potter. Investigaba para escribir una novela de corte juvenil y, dado el éxito, me pareció un buen sitio por el que empezar. Además, mi hermana me había prestado todas las películas y las vi con compulsión, como hago casi todo lo que hago. Leí el primer libro y no pude terminar el segundo. En cambio, hoy he llegado al final de “Harry Potter y el prisionero de Azkaban” con el corazón en un puño y  angustia por la suerte de Sirius Black… ¡Y eso que sé cómo termina todo el asunto!

Pero no importa. Hay películas en las que rezas para que el final cambie e historias en las que contienes la respiración para que todo salga como sabes que saldrá. Esas son las que yo quiero escribir, las que se enganchan a las emociones de los lectores, las que generan foros, debates, discusiones frente a tazas de café; las que crean bandos.

¿Es por el éxito? NO. Rotundamente no. Yo soy mucho más ambiciosa que los que persiguen éxito o dinero. Yo quiero trascendencia. Y no me refiero a sesudos análisis formales o de significado ni a tesis doctorales; sino a que una o más personas se emocionen con un texto mío y quieran compartirlo y quieran discutirlo y quieran exponer su punto de vista sobre él. Y que lo defiendan a muerte y apuesten ingentes cantidades de rondas de cerveza o de chuches .

Harry Potter no es un buen libro según los cánones. Está escrito con una prosa muy plana, los personajes también son casi unicelulares, el universo creado por la Rowlin es una especie de pastiche donde nada es original… ¡Pero estoy deseando llamar a mi amiga María para decirle que no tiene razón en una de sus apreciaciones! Ella sostiene que Gary Oldman no es un buen Sirius Black, que le falta empaque. Y en el libro no hay más descripción que la de su pelo sucio enmarañado… Veremos más adelante.

El mundo, eso que veis si desviáis la vista de la pantalla, está hecho unos zorros. Y no creo que sea buena idea mirar para otro lado por costumbre. Debemos armarnos de valor y hacer lo que debemos, pelear por lo que es nuestro y no dejarnos distraer por nada. Pero el día tiene 24 horas. Hay tiempo para la familia, el trabajo, el activismo y la lectura. Es en ese tiempo dedicado a la lectura cuando reclamo el derecho a perder de vista la realidad, el derecho a ir a dónde quiera, a emocionarme, a temer por las vidas de criaturas que no existen.

Las emociones son reales siempre. No importa qué o quién las suscite. Y los que son capaces de llorar por las tribulaciones de David Copperfield, las de Harry Potter, las de Uncas o las de cualquiera de los personajes de ficción que se os ocurra también sentirán compasión por personas de carne y hueso.

Aún no he aprendido cómo se consigue eso, que al final es la magia, de crear personajes reales que despierten los sentimientos de mis lectores. Lo sé. Tengo mucho que aprender. Pero no importa: sé que es lo que quiero. Y tengo tiempo para estudiar cómo hacerlo. Y ganas de equivocarme. Ya lo dijo Wayne padre: caemos para aprender a levantarnos.

 

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