El 1 de septiembre, toros en RTVE

por Alicia Pérez Gil

NODO, toros, crimen, RTVE, crisis,

El 1 de septiembre tortura en televisión, sí señor. Porque para eso están los reglamentos internos de las corporaciones públicas, para cambiarlos y que se admita lo que hasta hace un año era inadmisible.

He procurado, durante lo que llevamos de legislatura, no hacer ninguna afirmación demasiado peregrina, pero ¿Toros? ¿En serio? ¿Toros en la televisión que pago con mis impuestos, una única religión en las escuelas? ¿Recortes en educación y sanidad? ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Separar a los niños de las niñas? ¿Volver todas a las cocinas, a las peluquerías y a los jardines de infancia? ¿Qué se castigue la homosexualidad? ¿Qué se prohíban las reuniones de más de tres personas?

¿A dónde estamos dejando que nos conduzcan?

¿Saben los protaurinos lo que son los toros? ¿Lo saben las protaurinas? El mundo del toreo es ese, como el mundo de la iglesia católica, en el que una mujer no puede poner el pie salvo para que Manolo Escobar le cante que no le gusta que se ponga minifalda. O para servir. El negocio del toreo es ese negocio por el que Felipe González y sus muchachos nos vendieron en Europa cuando hicieron todo lo habido y por haber para proteger la dehesa y que no se pueda cultivar en ella. La dehesa protegida, subvencionada, mimada, envuelta en sedas y encajes.

Los toros nos han empobrecido cultural, social y económicamente.

No os engañéis, no nos engañemos: los animales sufren, sangran, mugen, mueren muertes atroces a manos de hombres crueles armados con picas y espadas, a manos de hombres cobardes que no saben defender sus derechos reales y de mujeres cobardes que prefieren vivir sin derechos. Las mujeres que callan también son mujeres que matan, sí.  Pero no es eso lo peor. Lo peor es que, de la mano de los toros, sufrimos todos, sufrimos todas: todos los que no gozamos de una industria en condiciones y pagamos precios desorbitados por productos manufacturados porque media España es dehesa y la dehesa es sagrada. Sufrimos todos los que, una vez más, vemos como se ensalza la figura del varón asesino.

Toros en la televisión pública.

¡Qué rabia! ¡Qué asco! ¡Qué dolor!

¡Qué anestesia tan hábil! ¡Qué vergüenza!

 

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