Los Caminantes: Carlos Sisí

por Alicia Pérez Gil

Los Caminantes, Carlos Sisi, Alicia Pérez Gil

Buenos días:

Como creo que la mayor virtud de “Las chicas Gilmore” es que, pase lo que pase, la vida sigue, sigo con mi vida y con mi blog. Lo siento por aquellos que me recomiendan que lo cierre. En fin, yo hasta que no tenga un premio gordo de literatura o de la lotería no cierro nada.

Pues eso, que el lunes, en el metro, miré arriba y a los lados y me dije que, ya puestos, con el panorama que me rodeaba, lo mismo me leía uno de zombies. Para el caso… Y abrí Los Caminantes,  de Carlos Sisí. Ayer terminé el primero de la trilogía y hoy he comenzado el segundo, lo que ya es buena señal.

Peeeeeerooooo. A pesar de lo mucho que la estoy disfrutando, y de las muchísimas cosas buenas que tiene y que listaré a continuación porque son las que me hacen continuar con la lectura, me pone muy nerviosa la inexistente labor editorial: ¿Por qué nadie ha corregido las reiteraciones? ¿Por qué nadie ha limpiado las torpezas? ¿Por qué los señores que editan este libro y que por tanto se llevan su dinerito de cada venta no han hecho  nada más que … nada? En resumidas cuentas ¿Por qué no se han molestado en hacer, de un libro muy bueno un libro estupendísimo?

Hablamos de una novela con personajes tan atractivos como el padre Isidro (ver foto) en su repulsión, o de Alba. De hecho, la escena de Alba y el mastín en la piscina (no digo más porque de verdad merece mucho la pena que leáis la novela y está feo desvelar datos) es sobrecogedora. Pero no solo eso: creo que dura página y media  y en ese brevísimo margen, el rango de sentimientos que despierta en el lector es muy muy amplio: miedo, angustia, simpatía, incertidumbre, un cierto alivio (no diré si momentáneo o definitivo). Es una escena genial. Y no es la única. Alba, Reza, Aranda o Dozer son personajes consistentes con un pasado. Son tipos y niña sin agujeros. Te los crees porque están bien construidos. Y ya sólo eso merece mi aplauso.

Pero es que hay dos cosas, dos, que me dejan clavada a los libros: RITMO.  Sí, ritmo endiablado, de ese que no te deja despegar la nariz de la pantalla del Kindle.  Aprendido, según algunos giros que me ha parecido ver, de lecturas de King. Lo mismo me equivoco, pero las leyendas de las camisetas, el uso de los tacos y algunas expresiones son muy del Maestro. Hay que leer mucho, leer bien y tener un talento natural (más mucha práctica) para enlazar la acción trepidante con escenas valle que te permitan respirar. Me quito el sombrero, señor Sisi.

Segunda gran virtud de Los Caminantes: VES. Para todos aquellos escritores que se pegan con la diferencia entre contar y mostrar —por ejemplo, yo misma —, Los Caminantes es un libro obligado. Ves la sangre, hueles la podredumbre, tocas las florecillas, te raspas con los ladrillos sueltos… Estás ahí. Y no hay muchas novelas de las que se pueda decir lo mismo.

Lo que menos me gusta, a parte de la inexistente labor de edición que permite que en un párrafo de menos de tres líneas aparezca repetida la palabra moto, es la tendencia al name dropping. Sobre todo en las primeras páginas, aparecen muchos nombres de películas, de novelas y de autores. La verdad es que lastran el ritmo increíble y no aportan gran cosa. Parecen un recurso un poco vaguete  para evitar una descripción. Error, señor Sisi, sus descripciones son mucho mejores que las referencias.

Conclusión: nueve sobre diez para el autor y cero patatero para la editorial. Leed la novela y contadme si estáis de acuerdo.

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