En mis manos

por Alicia Pérez Gil

Alicia Pérez Gil relato

—Debí dejarle caer. Debí observar, al abrigo de la roca, como se lo tragaba el abismo. Debí abofeterarte cuando em amenazabas con el tormento eterno. Debí arrancarte la lengua, los ojos y las manos si era necesario. Porque era necesario. Y él no habría trepado por mis brazo ni plantado los pies sobre el polvo. No me habría arrastrado hasta el filo, exahusta por el esfuerzo de salvarle. A mi enemigo.

—Hiciste lo correcto.

—Sólo espero que no me pise los nudillos y me obligue a la caída. Sólo pido que tome mi espada puesto que ha perdido la suya, y me corte con ella esta cabeza en la que vives  con tus estúpidos principios. Los principios que nos han matado a las dos.

—No habría sido una victoria limpia.

—No habría sido más sucia que esta muerte a manos de un traidor.

—Habría recaído sobre tu conciencia.

—¡Sobre ti! ¡Tú no habrías podido soportarlo!¡Yo sí! ¡Yo habría vivido con ello!

Mientras se recriminaba de este modo, su enemigo se relamía. Podría perdonarle la vida por haberle salvado la suya, pero adoraba el sabor de la muerte. Se ciñó el arma antes de desenvainarla y acarició los dedos de su víctima con el filo de acero. Porque ella no había podido, pero él sí podía

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