Mona Lisa de segunda mano

por Alicia Pérez Gil

Alicia Pérez Gil

Son tiempos de crisis, ya lo sabemos todos. Y en tiempos de crisis, como en tiempos de bonanza, podemos optar por quejarnos de lo mal que nos va, podemos alzar las manos, mesarnos los cabellos y rasgarnos las vestiduras porque el turrón es caro, los juguetes son caros y los libros son caros; porque no hay trabajo y el que hay es esclavo… O podemos irnos a Burgos a tomar ejemplo.

Yo el viernes por la mañana me fui a Burgos. No por el ejemplo, sino a ver mi hermana, que ya venía siendo hora. Y paseando por la calle Concepción, como a la altura del número 18, con un frío que pelaba, me encontré con la Librería Mona Lisa. Un local que compra y vende libros de segunda mano. Una librería de viejo, vaya. Sé que hay muchas por las Españas, pero esta se inauguró el día ocho y yo tuve la oportunidad de ver al matrimonio que la ha puesto en funcionamiento darle los últimos toques. Y me gustó mucho el aspecto de todo: Las estanterías están hechas con cajas de fruta reutilizadas, el techo empapelado con papel de periódico, y máquinas de escribir antiguas adornan las paredes. Todo es reciclado. Todo es de segunda mano.

Los libros también, claro. Los libros son la materia prima de este negocio. Vimos muchos, aún sin exponer, y otros pocos ya expuestos. En muy buenas condiciones y a unos precios muy, muy golosos. Los autores no comen de las dobles ventas de los libros, pero los lectores leen.  A muchos no nos gusta la idea de pagar por algo que ha sido de otro, es un poco como heredar la ropa vieja de tu hermana mayor. Otros preferimos las cosas con cierta vida vivida.

De más jovencita, con la carrera sin terminar, los domingos iba con unos amigos a la Plaza Nueva, en Bilbao. Lo hacía enamorada de uno de ellos —o de dos— y de los libros. He tirado cantidad de ejemplares desde entonces, hace más de veite años, pero la mayor parte de los libros que conservo los compré en aquella época, de segunda mano y en la calle: un Trópico de Capricornio destrozado, toda la Crucifixión Rosa, uno precioso de Uki-yoe, Las Amistades peligrosas, Stendhal, Durrell, James. Yo a mis clásicos los conocí bajo la lluvia y me los llevé a casa en bolsas de plástico arrugadas y con los pies empapados. Los firmaba con tinta verde y los fechaba en la primera página mientras tomaba te de alguna cosa tonta o un refresco. Y ahí están, en mis Expedit con sus ángulos suecos perfectos.

Comprar algo nuevo da mucha sensación de prosperidad, pero hay otras emociones que no se consiguen en Fnac ni en preciosas librerías de novedades. Ni siquiera en las especializadas. Mi libro de vampiros más querido lo compré por una libra esterlina en Edenbridge junto con una carretilla de National Gographics con cuyas fotos decoré las paredes del cottage en el que viví cuatro meses antes de trasladarme a Londres. Tiene una muchos más años de los que parece cuando puede hablar así. Mi taza de desayuno favorita también era de segunda mano, de la misma tienda. La tuve tres días en remojo llena de lejía. Las chicas del cottage me miraba raro. Por comprarla en primer lugar y por desinfectarla a lo bestia en segundo. La taza cayó al suelo y quedó hecha añicos hace poco. Yo aquí estoy. La única intoxicación alimentaria que he sufrido ha sido culpa de un pez mantequilla en Leganés.

Burgos es una ciudad muy bonita: la catedral, el casco antiguo, las docenas de iglesias, los adoquines, los palacios… Y ahora la librería Mona Lisa, donde hasta el árbol de navidad está hecho con materiales reciclados: perchas, corchos, bolas de lana. Uno de esos sitios que no tardará en cargarse de emociones. Además, si eres escritor y eres burgalés, date una vuelta. El dueño está empeñado en crear un rincón dedicado a los escritores locales. Os dejo los datos:

Calla Concepción, 18 y Avda del Cid, 46

686741986

http://www.libreriamonalisa.es

 

 

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