Rosy

por Alicia Pérez Gil

Rosy

Hay una cosa que admiro mucho, muchísimo. Más que el valor, que la fuerza e incluso más que la honestidad. Admiro a las personas que no juzgan a las otras, a las personas que están tan ocupadas con su vida que lo que haga el resto con las suyas les trae al pairo. Rosy es así.

La he visto poco, pero la he visto mucho, si eso tiene algún sentido. La he visto poco tiempo, pero la he visto comportarse: con sus alumnos, con sus hijos, con sus amigos, conmigo, con quien no merece ni los buenos días. Porque ella piensa que todos merecen los buenos días. Fue la primera en saber de Emilio y me puso esa cara de “¿Pero tú estás bien?  Pues tira, nena”. La he visto cansada y caminando, agotada y adelante. Casi siempre con una sonrisa. Hasta cuando llora.

Hoy cumple 40. En nada la pillo, aunque no creo que la pille nunca. He visto lo fuerte que es cuando no le queda fuerza, lo dura que es cuando parece frágil y he visto lo mucho que la quieren cuando se siente sola. He visto lo mucho que da cuando no le queda nada, y lo he recibido.

Lo decía ayer: he tenido mucha suerte con la gente que me ha tocado.

Así que espero que los siguientes cuarenta nos pillen juntas.

Aquí estamos.

Para lo que haga falta.

 

 

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