De cómo algunas mujeres son mejores creadoras de personajes que algunos hombres y no hay que culpar a nadie de las consecuencias

por Alicia Pérez Gil

Alicia Pérez Gil, escribir, leer, vivir, amar

Atentos al título: de cómo.

Nada de por qués.

Es más o menos así: las mujeres a las que me refiero tienen alguna carencia. Alguna, una, varias, muchas. Algo les falta. Y creen que ese algo está fuera de ellas. Y creen que deben encontrarlo porque así estarán completas. Entonces se cruzan con otra persona, hombre o mujer. Escogen de esa otra persona la envoltura y quizá un rasgo o dos. No mucho más. Mucho más sería innecesario y contraproducente. Recordad que hablamos de creación y para crear hace falta espacio.

Pongamos un hombre guapo, delgado, con bonitos ojos de color almendra y una sonrisa cálida. Por lo que sabemos de él, podría ser un maniquí de una tienda con estilo. Este hombre habla poco (si habla mucho da muchos datos y, cuanto más completos son los datos, más inhiben la imaginación). Habla poco, así que calla mucho. Es sobre los ojos de almendra, la sonrisa y los silencios sobre lo que las mujeres de esta entrada construyen. Procuran eliminar del cuadro lo que no concuerda. Es ceguera selectiva.

Temed, hombres de bonita sonrisa, a estas mujeres, porque vuestra sonrisa debe ser la puerta tras la que se halla la salvación y la salvación consiste en lo que la creadora considere. Quizá seáis genios de las matemáticas o amantes excelentes. Quizá poseáis el secreto de la magdalena perfecta o la sensibilidad exquisita de un artista. En cualquier caso sois, aunque no lo sabéis aún, lo que les hace falta. Sois perfectos por ello y ninguna de vuestras características reales importa. No sois, enteraos, más allá de lo que ellas quieran que seáis. Y pobres de ellas si tomáis entidad.

No os dais cuenta de que vuestras familias, amigos, ropa, música e intereses reales las matan, poco a poco. Todo lo que conforma vuestras vidas es una agresión. Huid, por Dios. Huid de las mujeres que os construyen sobre la nada porque si no, las mataréis. No es culpa vuestra. No es culpa suya. Las cosas son así. Ellas os imaginan y jamás estaréis a la altura de su imaginación. Lo sé porque ninguna de mis creaciones ha sobrevivido la caída en la realidad. Yo no he muerto, pero muchas otras se arrancan pedacitos de alma en vuestro honor y se diluyen poco a poco.

Mostraos tal cual sois a la primera o no os mostréis en absoluto. Por su bien y por el vuestro.

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