Semana Santa

por Alicia Pérez Gil

Dios, Semana Santa 2014, existencialismo, leer, vivir, escribir, amar

Mañana, como cada año, matamos a Cristo, que es Dios. El domingo, como cada año, resucitará y le pedirá a la mujer que le amaba que no le toque. Y yo llevo unos años ya, el último con más intensidad que otros, preguntándome si Dios existe.

Creo que, en realidad, esa no es la pregunta que importa. Lo que de verdad me preocupa es qué diferencia hay entre que Dios exista y que no. Conozco por encima los argumentos teológicos que justifican la falta de intervención divina en los asuntos humanos. Me suena el concepto del libre albedrío. Y no me sirven ni unos ni otro.  Si hay un Dios creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible, uno que nos mandó a su hijo para redimir nuestros pecados (entiendo que los pecados son ofensas a Dios y que por tanto no hacía falta la orgía aquella de sangre para lavarlos, habría bastado con iluminarnos y perdonarnos a continuación) ¿Dónde está ahora?

Mi problema es que, si existe Dios, nos ha abandonado. Nos creó, puso cierta esperanza en nosotros -supongo- y le salimos rana. Los seres humanos somos pequeños, imperfectos y egoístas en la mayoría de los casos. Unos pocos son capaces de manipular a muchos en beneficio propios y Dios, cuya creación es así de defectuosa, no hace nada para mejorarla. No hay raza humana 2.0. Y, lo que es peor, tampoco interviene para solucionar injusticias evidentes.

En realidad el argumento es simple: no puedes crear una especie como esta, tentarla, que caiga en la tentación y castigarla. Eso es absurdo, injusto y cruel. Eso es lo que pasa. Si Dios existe es cruel por dejarnos vivir con todos estos defectos. Es cruel por dejarnos a solas con ellos sin posibilidad real de redención. Se equivocó con la fórmula de la creación o es que su imagen y semejanza es esta y ninguna otra. Si estamos hechos a imagen y semejanza de Dios y somos como somos, es que Dios no es gran cosa. Más allá del poder de crear vida humana, Dios no vale para mucho.

¿Por qué no nos salva de verdad? ¿No hemos sufrido bastante? ¿Qué hay que demostrarle? A veces me da la sensación que es una especie de secuestrador y espera a que todos caigamos víctimas del síndrome de Estocolmo. Yo me desvinculo, gracias.  Está mucho más allá de mi capacidad de comprensión y de aceptación que haya un ser superior con la capacidad de eliminar el dolor de la faz de la tierra pero que se niega a hacerlo.

Así que lo que creo es esto: seguiremos sufriendo hasta que muramos y luego no habrá nada más. Excepto que decidamos disfrutar hasta que muramos, porque luego no habrá nada más. Disfrutemos, seamos felices y amemos como si fuésemos Dios, porque Dios no existe.

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