Eurovisión 2014 ¿Tolerancia?

por Alicia Pérez Gil

Alicia Pérez Gil, escribir, leer vivir, amar

Sí, lo confieso: me gusta Eurovisión. Ni por lo que representa, ni porque participe España, ni porque crea que la música amansa a las fieras y es un elemento de unión… No. A mí Eurovisión me gusta porque sale mucha gente cantando canciones que no he oído jamás. Es como Operación Triunfo pero a lo grande, el país anfitrión se gasta un pastizal enorme en unos escenarios espectaculares, los trajes brillan tanto que te quedas momentáneamente ciego y, además, puedes hacerte tus quinielas en casa. Como sólo hay una gala (en casa vemos la final, nada más) no hace faltas quedarse un día por semana sin dormir, como en los demás concursos de talentos y, por si fuera poco, puedes ver cómo típicos y tópicos se repiten, lo que da mucha seguridad.
Fui de las que se indignó, aunque de modo muy suave, cuando enviamos a Chiquilicuatre porque soy de las que piensa que si algo te parece ridículo, pues no participas y ya está. El boicot por el boicot me parece estúpido y poco respetuoso.  Tampoco le di más importancia. Lo que sí me parece importante y sí me ha tenido lo bastante ocupada como para escribir sobre ello es lo el viernes pasado. Por dos motivos.

1.- La canción de Austria es la ganadora más aburrida que recuerdo.

Muy sentida, con muchas llamas de pega detrás del cantante, con un estribillo poderoso y un mensaje muy de los adentros, pero aburrida. ¿Alguien es capaz de cantar una sola sílaba? Ojo, que no digo que sea mala, sólo digo que es aburrida. Yo le habría dado el premio a Malta o a Alemania. Los germanos llevaron una canción con fuerza pero más desenfadad, y los malteses, que siempre van de doce en doce, fueron divertidos, frescos, sin pretensiones… Pero ganó Austria y no lo hizo por la calidad de su canción, sino por la barba de su intérprete masculino vestido de mujer. Dana Internacional hizo lo propio con una canción que he bailado hasta la saciedad, coreografía incluida, así que no es un caso de homofobia, créanme ustedes. O no me crean, lo mismo me da.

2.- Los abucheos a Rusia.

Resulta que una gran mayoría de países le dan doce puntos a una canción que duerme a las ovejas porque son muy tolerantes y creen en la igualdad, pero cada vez que se vota a Rusia la sala donde se celebra el concurso se llena de abucheos. Debe de ser que las dos gemelas rubias son mundialmente conocidas por sus crímenes de guerra. O la chica rusa que dio sus votos con una sonrisa a prueba de tolerancia europea.

Es lo que tiene confundir churras con merinas. Es lo que tiene el patetismo, que alcanza niveles internacionales.

Por último, que esta semana tengo prisa, pediría a los organizadores que el año que viene demos los votos en español o que busquemos a una persona guapa que sepa hablar inglés. En serio, hay muchos jóvenes en el país que son capaces de no decir jelou. Mira que yo no voy a ver el mundial porque creo que no debería existir fútbol de selecciones, pero si alguien va a hablar en público delante de todo el continente, por Dios, que no nos haga quedar a todos como unos iletrados.

 

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