Los mayores también vuelven al cole: cinco claves para enfrentar el primer día de trabajo tras el paro.

por Alicia Pérez Gil

Alicia Pérez Gi, escribir, leer, vivir, amar

Buscar trabajo no es fácil. Y no porque el mercado sea más exigente a cambio de menos, que lo es. Los sueldos son más bajos y los requisitos para optar a un empleo mayores de lo que yo recuerdo haber visto nunca. He encontrado ofertas que solicitaban una secretaria trilingüe con conocimientos de contabilidad y protocolo a cambio de 18.000€ al año. A mí eso me parece una falta de respeto hacia el solicitante del empleo, pero no es eso de lo que quiero hablar. Buscar trabajo es difícil porque implica una exposición frontal al rechazo.

Si empleas infojobs, que es lo que he hecho yo, para acceder al mayor número de ofertas posible con la mayor comodidad, te encuentras con que la mayor parte de las veces las empresas no llegan siquiera a leer tu currículo. Entre trescientos, mil o tres mil candidaturas, la tuya es sólo otro par de pixeles anónimos. Incluso con una carta de presentación aprobada por al menos dos técnicos de selección, la mayoría de las compañías no te verá. En un portal de búsqueda de empleo es donde más obvio resulta que eres un grano de sal perdido en la vastedad del océano. Este tipo de rechazo no es tan grave como el siguiente: la empresa ve tu CV, lo lee y decide descartar tu candidatura. primera bofetada seria. Porque, si no te han visto, quizá te sientas insignificante; pero si te han visto y te rechazan, es que hay algo de ti que no les ha gustado. Y no tienes oportunidad de saber por qué. Has leído la oferta, te has asegurado de que cumples con todo lo que piden, pero te rechazan. Y no hay modo humano de averiguar la razón, así que no te queda más remedio que seguir intentándolo. Ya llevas la primera muesca en el rincón de la autoestima, pero sigues ahí. Porque te hace falta. Puede suceder que la empresa que ha leído tu CV lo incluya en el proceso, pero eso tampoco es una garantía de nada: en tu menú privado de candidato hay una nota verde, esperanzadora, que dice que tienes un pie dentro, pero nadie te llama por teléfono, nadie quiere verte. Un buen día se cierra el proceso de selección y tú sigues esperando que suene el teléfono y te propongan una cita. Sólo que eso no pasará.

En el caso de que te llamen para una entrevista… En fin, ahí es cuando la posibilidad del rechazo, la sola posibilidad, se vuelve un escollo. Irás, contestarás las preguntas lo mejor que sepas y quizá el seleccionados considere que no encajas en el perfil. Lo mismo le caes mal. O eres perfecta para el puesto, pero han visto a alguien que es aún mejor. No olvidemos que siempre hay un pez más grande. Así que te has puesto tus mejores galas para impresionar con tu aspecto de profesional impecable y te toca volver a casa con el rabo entre las piernas, la chaqueta arrugada y acordándote del antepasado del que inventó los tacones altos. Te lo tomas con calma, no puedes gustarle a todo el mundo y esto, a fin de cuentas, consiste en ir tocando un montón de puertas que se cierran hasta que haya una que se abra. Basta con una, te dices. Lo mismo es la siguiente. Si llegas a la empresa en la que se supone que trabajarás; o sea, tu CV ha pasado el primer filtro, te han llamado, has aprobado una primera criba personal y te acercas a la oficina en la que esperas quedarte, aún pueden rechazarte una última vez. Puede que no le gustes al encargado de recursos humanos o, finalmente, a quien se supone que será tu superior inmediato. Hace falta tener arrestos para pasar por esto entre tres y cuatro veces al mes durante un periodo indeterminado de tiempo. Y los arrestos han de durar, porque superar con éxito todas estas pruebas te deja tan solo en la antesala del rechazo final.

Llevas unos meses fuera del mercado, la última vez que trabajaste conocías tu entorno, tus recursos y tus tareas con tanta precisión que podías realizarlas con los ojos cerrados. Pero mañana empiezas en un sitio nuevo, con personas nuevas de las que no sabes nada. No tienes la menor idea de a quién te enfrentas ni con qué. Podría parecer que reservar un vuelo es lo mismo se haga dónde se haga, pero no es cierto: hay restricciones de presupuesto, preferencias en cuanto a los asientos, un número limitado de conexiones que el viajero es capaz de soportar, hay quien prefiere tiempos de espera más o menos largos… Y no conoces a la persona para la que trabajas. Ni siquiera conoces tu propio terminal telefónico, tu mejor amigo y aliado. Así que las posibilidades de meter la pata el primer día son máximas.

¿Cómo se hace para entrar sin miedo en la oficina nueva el primer día ?

1.- Llega pronto. Mejor esperar, acostumbrarse al edificio, a la luz, a los colores. Esperar es bueno, que la esperen a una pone nervioso a todo el mundo.

2.- Asegúrate de que Brad Pitt, Clive Owen, o quien se te antoje, no te pondría un pero si se cruzara contigo. Esto puede parecer una idiotez, pero si sabes que estás guapa, caminas más erguida, te sientes más segura y, en el peor de los casos, encontrarás ayuda con mayor facilidad. O al menos eso espero, porque llevo todo el día con cremas, esponjas y pinzas.

3.- Pregunta. Por amor del cielo, pregunta lo que no sepas y no des nada por supuesto. Cada empresa es un mundo y los procedimientos cambian de unas a otras. Recuerda: es tu vuelta al cole y entras en el parvulario. Vas a llegar a la universidad en un tiempo récord porque eres lista y rápida, pero el primer día no sabes nada.

4.- Ya sabes dónde es más probable que falles, así que pon una ración extra de atención justo ahí. La mejor manera de hacer las cosas bien es hacerlas despacio y con cuidado. Corregir un error es malgastar el doble de tiempo que evitarlo con una revisión previa.

5.- Sólo es trabajo. Incluso aunque seas la mejor en tu puesto, la empresa puede prescindir de ti si se le antoja, así que siéntete orgullosa de lo que haces y luego olvida que lo hiciste. Ellos pagan por ocho horas de eficacia extrema, pero el resto es tuyo. Dales aquello por lo que pagan y nada más. Todo aquello por lo que pagan: tu tiempo, tu atención, tu interés, tu esfuerzo, tu imagen, tu inteligencia. Y ni una sola cosa más. La vida está en casa, con los tuyos. Es ahí donde tienes que invertir amor y emociones.

 

 

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