Especial para escritores: Cómo crear un personaje disperso. Ejemplo práctico

por Alicia Pérez Gil

Punzón, leer, vivir, escribir, amar, Alicia Pérez Gil

Lo dice todo el mundo:  para escribir hay que observar la vida, aprehenderla y retorcerla hasta que se convierta en lo que uno quiere. Y para eso estamos hoy aquí.

Un personaje disperso es aquel que, como en la vida misma, se distrae con el vuelo de una mosca, que lo mismo comienza una conversación hablando de la cría del escarabajo pelotero que la termina disertando sobre Kant. Es así, le sale. Incapaz de centrarse, todo le interesa. Estos son los básicos. Ahora bien, los motivos, como dicen sin cansarse Teo Palacios, Concha Perea y todos los autores de la factoría, son importantes ¿Por qué un personaje disperso es disperso? En los tiempos que corren se soluciona todo con un diagnóstico de hiperactividad o déficit de atención. Se habla también de la cantidad ingente de información a la que estamos expuestos y se dice que los niveles de concentración descienden de manera alarmante e imparable. Lo que ocurre es que eso a un autor no le vale. Los motivos que definen el carácter de  un personaje no pueden ser genéricos. Busquemos causas individuales para que nuestra chica sea una cabecita loca. Por ejemplo, desde pequeña destacó por su inteligencia, no necesitaba emplear el mismo tiempo que sus compañeros para comprender la mayor parte de los conceptos. Además tiene mucha imaginación, es una tipeja creativa que fábula constantemente, se pierde en ensoñaciones y, cuando regresa de ellas, se siente un poco perdida. Cree que el mundo debería ser diferente y a veces se entretiene disfrazándolo. Todo le parece fascinante de inicio porque no lo conoce y lo desconocido la atrae.

Con esos mimbres, vuestra chica hace una lista de la compra. Ayer habló con una amiga de Facebook acerca del cosido Copto. Quiere hacer sus propios cuadernos porque está harta de gastarse el dinero en cosas que nunca son lo que necesita, aunque son bonitas. Además, le gusta hacer cosas con las manos y hace tiempo que no comienza un proyecto nuevo y refrescante. En la lista ha escrito: punzón, superficie plana para usar como tapas del cuaderno, hilo grueso, aguja para coser lana y cola de encuadernar. Una lista corta y asequible. Se lleva veinte euros de su caja de metal y sale derechita hacia el bazar chino donde está segura de que encontrará todo esto…

… Y mucho más.

Han abierto un sitio nuevo que se llama Maxi China y ya había pensado visitarlo porque le gustan los bazares. Uno nunca sabe lo que va a encontrar. Se dice que irá derecha a por lo que necesita y luego, si le sobra dinero, se dará un capricho (porque lo de encuadernar es necesidad, quede constancia). Ocurre sin embargo que la zona de papelería está antes que la de ferretería. Para ahí por si hubiera papel barato para usar en lugar de los folios buenos, por si mete la pata y se los carga. Papel barato no hay, pero hay un cuaderno precioso, burdeos metalizado con cinta marcadora, papel pautado de una línea y estampado de la oficina de correos australiana. Es muy bonito y el burdeos uno de sus colores favoritos. Son cinco euros nada más, así que lo coge. Siempre puede devolverlo a la estantería más tarde.

Continúa el periplo por el hiper chino y llega a la parte de menaje. El hallazgo es colosal: un recipiente similar a los Pyrex, redondo, con tapa de cristal, válido para horno y microondas. Hace meses que se le rompió el suyo y que ha buscado uno similar sin éxito. Está claro que las cosas llegan cuando deben llegar y ni un minuto antes. Vuestra chica dispersa coge el pseudo-Pyrex, siete euros y medio, y vuelve a la carga; pero… hay tazas. De las bajitas, no tan grandes como tazones ni tan estrechas como las mugs inglesas. Son tazas de desayuno con rayas horizontales, monísimas. Piensa que una roja y una azul formarán una pareja perfecta en la alacena y que así podrá retirar dos del Bodum que tiene desde hace años y que compró con una amiga de la que no guarda muy buen recuerdo. Piensa que esa amiga le aconsejaría no comprar las tazas. Manda a su amiga de paseo a Katmandú y ya son otros cuatro con sesenta. Entonces sí, por fin, llega a ferretería y encuentra el punzón: 0,79. Una ganga. Aún le sobra dinero para comprar un bolígrafo morado, pero prefiere dar un par de vueltas por si hubiera bramante bonito, quizá flúor, que es tendencia, y unos salvamanteles o algo así, duro pero no demasiado, para las tapas.

Tras tres o cuatro vueltas no ve nada que la convenza y se acerca a la caja. La dependienta china la hace muy feliz con un regalo inesperado: envuelve las tazas y el recipiente de vidrio con dos páginas dobles de periódico chino ¡Bravo! Con eso forrará unas tablas que tiene en casa, les dará un par ase capas de barniz y ya tiene tapas para el cuaderno, que a estas alturas le ha costado… 16 euros tras el descuento.

Si alguno de vosotros tiene un ejemplo de cómo crear (o ser) un personaje serio y recto, por favor, que me enlace el post…

Anuncios