La independencia catalana

por Alicia Pérez Gil

No sé si hay o no una mayoría de catalanes que prefiere una Cataluña independiente,  un estado catalán.  Si la hay, debería poder tomar una decisión que legalmente legitimara una separación de los estados catalán y español. Creo que impedirlo es perjudicial tanto para los ciudadanos catalanes como para los españoles y, a fin de cuentas,  los estados están formados por ciudadanos.

No tengo nada en contra de que España se desgaje en los pedazos que sea necesario si la España unida de hoy en día es una ficción. Porque esa ficción es un polvorín, crea fricciones absurdas (todas las fricciones ideológicas son absurdas, desde mi punto de vista), crispación y es el caldo de cultivo para un odio atávico del que no puede salir nada bueno ni a corto ni a largo plazo.

Si se consigue que nazca un estado Catalán deseo que triunfe, que se haga rico, que sus ciudadanos tengan una calidad de vida superior a la media europea, que la comunidad internacional lo admire y respete. España necesita modelos porque el modelo español no funciona. Si la salida de cataluña de España es sólo la primera ficha del dominó y nuestro estado se convierte en 17  estados más pequeños o más, deseo a cada uno los mismos éxitos. Con total honestidad.

Mi identidad no se ve amenazada porque haya más o menos millones de personas con un un DNI que comparta diseño con el mío.

Me gusta la idea de confederación por lo que tiene de fuerza administrativa y peso económico, pero no voy a pelearme por ella.

Dicho esto, que es cierto, hay algunas cosas que me preocupan de los procesos de independencia. Y no me refiero a si Cervantes era Catalán, aunque la discusión podría conllevar un importante desembolso económico por parte de los estados que decidan luchar por la procedencia del acervo cultural; acervo cultural que es o debería ser universal porque, de todas formas, aunque Cervantes hubiese nacido en la habitación contigua a la que lo hice yo, eso no iba a contagiarme ni un ápice de su genio -Ojalá-. Esto vale para la habitación contigua de cualquier español y de cualquier catalán. Y de cualquier milanés, si vamos a eso.

Lo que me preocupa son cuestiones administrativas tempranas . Así, una vez declarada la independencia del rincón del mundo que sea respecto del estado que sea ¿Quiénes obtendrán la nacionalidad y a quienes se negará? ¿Basta el empadronamiento? ¿Basta la residencia durante determinado periodo de tiempo? ¿Qué sucederá con los nacionales del territorio independizado que vivan lejos de él? ¿Y con los del estado matriz que no quieran nacionalizarse? ¿Deberán regresar los primeros o irse los segundos? ¿Qué pasa con los independizados con ocho apellidos de la región y que vivan en la región que no quieran la nueva nacionalidad? Y, la pregunta más importante: ¿Habrá nuevos ciudadanos de primera y nuevos ciudadanos de segunda debido a su origen?

No tengo la más remota idea de cómo se resolverá todo esto, pero me parece, a priori, que tendrá un gran impacto en las vidas de las personas. Al menos a corto plazo. De las consecuencias de la independencia a largo plazo ya digo que espero y deseo que sean buenas.

No me gustaría que se leyera entre líneas que planteo esas cuestiones como una manera de defender el estado actual de las cosas. No lo es.  Tal y como estamos no estamos bien y por tanto necesitamos que se produzca un cambio. Eso sí, necesitamos que el cambio sea para mejor. O sea, hagamos lo que sea necesario y hagámoslo bien.

 

Anuncios