Los viernes, una mano: Para E. Para todas las E. Para todos los E.

por Alicia Pérez Gil

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Los viernes suelo tener tiempo y pocas ganas. Así que los viernes los voy a dedicar a decir a otros algunas cosas que creo que alguien debió decirme a mí.

Querida E.

Sentirse pequeño es inevitable en ocasiones. Porque el mundo es grande, la vida es larga y nos equivocamos a menudo. Sentirse pequeño es inevitable porque nos han dicho que esto de vivir es una cuestión de cantidades y tamaños. Si uno tiene el tamaño adecuado, quizá reciba una cantidad justa de amor. Si uno tiene las ideas adecuadas, quizá reciba la cantidad adecuada de amor. Si uno tiene el descaro, la simpatía o la suerte adecuadas, quizá reciba ese amor.

Sentirse pequeño, abandonado y solo es, a veces, una seña de identidad. A veces uno se reconoce en la pequeñez, el abandono y la soledad porque lo ha vivido tantas veces que termina por creer que es lo que le corresponde.

Sentirse pequeño es negar la propia grandeza.

Las personas pequeñas no hacen que nazcan hadas de las yemas de sus dedos, no abren ventanas para que los demás vean el mundo a través de ojos nuevos. Las personas pequeñas no reconocen al tacto la magia de los libros.

Sentirse pequeño es ser pequeño.

No hay nada más grande que dedicarse las canciones de amor. Todas las canciones de amor. Cántate una canción de amor. Una de E. para E.

Sentirse abandonado es como abandonarse y no irás a ningún sitio sin ti.

Sentirse solo es encerrarse y el mundo está fuera.

Ese mundo duro, que corta, que no entiende, que da mucho frío o mucho calor.

Es ahí donde estamos los que sentimos en las mejillas el aleteo de tus hadas, los que miramos a través de tus ventanas.

Sentirse pequeño es inevitable en ocasiones, pero no te sientas pequeña. Yo te siento grande, inmensa, hermosa, buena.

Yo no me rindo. No te rindas tú.

 

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