Los martes, galletas de la suerte: Amor a 0,89

por Alicia Pérez Gil

 

Los martes son duros. Los últimos girones del fin de semana se han arrastrado a través del lunes y permanecen ahí, a nuestra vista pero no a nuestro alcance. El viernes, meca del trabajador (y del parado, porque es cuando puede disponer de sus amigos y familia), queda muy lejos y parece que la semana laboral jamás terminará. Para convertir el martes en un día un poco más digestivo, vamos con unas galletas.

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Amor a 0,89

Así se anuncian algunas novelas románticas en Amazon. Así ofrecen lo mejor de sí mismas algunas personas.

Creo que no somos conscientes de hasta qué punto despilfarramos el amor. Es verdad que hay que amar unas veinticuatro horas diarias de media, pero eso no quiere decir que debamos hacerlo a tontas y a locas. Aunque todo el mundo merece amor y todo el mundo merece amar, no todos aquellos con quienes nos cruzamos merecen que les entreguemos nuestro corazón. La mayoría de ellos no sabrán qué hacer una vez puestos en ese trance. Una buena parte nos despreciará.

El amor barato se da por supuesto. Un poco como las novelas pirateadas en internet, las tapas en Granada o los champús en los hoteles. Cuando nos enamoramos y nos colocamos unos milímetros por detrás o por debajo del ser amado, cuando le damos más importancia, más espacio, más cuidados que a nosotros, estamos dando amor gratis. Y no es malo amar gratis, lo malo es amar gratis cuando no tenemos superávit amoroso.

¿Cómo se consigue ese superávit amoroso? Sencillo:

1.- Escoge a dos o tres personas a las que quieras y observa cómo las tratas.

2.-¿Te tratas así a ti?

3.- Si la respuesta es no, ya puedes empezar a hacerlo.

Cuando regalamos amor de esa manera aleatoria y autodestructiva de la que hablaba al principio, nos estamos portando de un modo egoísta e infantil. Pedimos a otros que nos quieran. El dolor del desamor viene de algo que suele sonar más o menos así: “Te quiero ¿por qué no me quieres tú? ¿Qué hay de malo en mí? ¿Qué debo cambiar para que me quieras?”

No nos paramos a pensar que el otro, que pasaba por ahí con sus ojos azules, su espalda triangular, su sonrisa más encantadora que la del mismo diablo, no nos había pedido nada. Nosotros le atacamos con nuestro amor, nos liamos a querer sin límites y esperamos que, sólo porque le queremos, el otro haga todo esto:

1.- Que nos quiera.

2.- Si no nos quiere, que nos diga cómo debemos ser. A ver si así ya le convencemos y volvemos al punto uno.

Pero la vida no es así, el amor real no es así. Para empezar, no es labor de nadie explicarte cómo debes ser. Es cosa tuya prestarte atención, examinarte y descubrir qué actitudes tuyas te hacen daño, cuáles hacen daño a otros, qué te beneficia, qué te hace feliz, etc. Eres tú, y no un pobre transeúnte (ni una pobre transeunta) quien debe responsabilizarse de tu felicidad. Eres tú quien debe amarse sin medida.

Si te quieres, no necesitarás que nadie supla tus carencias porque podrás hacerlo tú mismo. Si te quieres, cuando no seas correspondido en el amor sabrás que no es por tu culpa. Dolerá, pero no destruirá. Porque serás una persona más fuerte, más sólida, más segura y mejor.

Que sí, que muy bonito todo, pero que cómo se hace.

Volvamos a lo de los amigos.

Yo a las personas a las que quiero procuro tratarlas bien. Por ejemplo, mi amigo Diego come fatal y he estado los últimos años diciéndole que tiene que tomar fruta y verduras y dejar un poco los refrescos. A mi amigo Chabi no hago más que decirle que se deje de tonterías, que eche de su vida a todos aquellos que no sumen, porque los consumidores de energía son la peor raza de parásitos del universo. A la rubia le digo todas las veces que puedo que escribe muy bien y que es muy guapa. Ambas cosas son ciertas y creo que hay que cimentar las buenas cualidades de los demás. Porque se construye desde lo que se tiene, no desde lo que no se tiene.

¿Hago todo eso por mí? ¿Haces tú por ti lo mismo que por tus amigos? ¿Por qué no?

El amor a uno mismo genera más amor. Cuando uno se ama de verdad, sin misticismos, conociendo los propios defectos y aceptándolos a la vez que se trabaja en paliarlos, todos los demás amores salen solos.

Así que quiérete bien. Haz ejercicios de amor. Ámate como amarías al canalla que pasa de ti. Par ver qué pasa.

Ya verás, ya…

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