Cómo desaparecer, una lección de la fundación Rafael Alberti

por Alicia Pérez Gil

Alicia Pérez Gil, escribir, leer

La Fundación Alberti obsequia a sus visitantes con el aviso legal que os enlazo, en el que establece que no se puede poner a disposición de terceros nada de lo que aparece en su página web. Esto incluye fotografías y textos.

Los herederos de Alberti serán los dueños de los derechos de la obra del poeta hasta el año 2069. Luego ya podremos enlazar sus poemas a nuestras webs o copiarlos en papeles de colores y regalárselos a nuestros amantes. Si es que en 2069 alguien se acuerda de Alberti.

Alguien lo hará, claro.  Hay gente para todo. Sin embargo, en los institutos casi no se le estudia. Y es que, como explica una catedrática de lengua española a la revista Yorokobu, que es donde lo he leído yo, la mayor parte de los poetas da permiso para que su obra aparezca en los  libros de texto mientras Alberti -o sus herederos- prefieren pasar por caja.

En su derecho están, no vamos a negarlo. O casi. Porque la ley española establece algunas excepciones a esto de los derechos de autor y una de ellas es la excepción educativa. Según nuestra legislación, se pueden poner poemas de Alberti en los libros de texto. Se puede, pero las editoriales, que dicen que están en las últimas, prefieren no ponerlos; no sea que les caiga una demanda. Ya se sabe que el derecho tenerlo,  lo tendrás, pero hacerlo valer puede salir por un ojo de la cara.

Así que la Generación del 27 pierde a su miembro más longevo en las aulas. Un poco por avaricia, un poco por pereza, un poco por precaución.

Quizá no sea este el sitio ni la hora para preguntárselo, pero yo me pregunto si nos hemos vuelto todos locos ya o qué. De verdad que no lo entiendo. De verdad que las vallas al campo, las moscas y los cañonazos me van muy grandes.

Hay que vivir del trabajo propio -saben hasta los arcángeles que ya sólo ese presupuesto me da alergia, pero me toca rascarme porque es lo que hay-. Sea, vivamos de nuestro trabajo. Si queremos que nuestro trabajo consista en escribir historias y que otros las lean, vendámoslas. Vale, no es mi modo favorito de hacerlo, pero tragaré con esto también.  Hoy hay que vender para recibir dinero. Bueno, asumido. Con dolor, pero asumido. Ahora bien, si hacemos todo lo posible para dificultar al máximo el acceso a lo que hacemos ¿cómo va a llegar a conocimiento del público?

Prescindiendo del debate sobre la piratería, el precio de los libros e incluso del debate sobre los derechos ¿De verdad os parece razonable el blindaje para conseguir difusión?

 

 

 

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