El alma

por Alicia Pérez Gil

Alicia Pérez gil, vivir, identidad

No me andaré con rodeos esta vez. He descubierto qué es el alma, aunque no sé dónde está ni cómo distinguirla de otras cosas que podrían parecerlo pero no lo son.

Dirán los no católicos que ellos no tienen alma, pero sí la tienen. Los católicos dirán que el alma es otra cosa, pero creo que se equivocan.

El alma, lo decía Mandela, es ese espíritu inquebrantable que nos sostiene; ese que, si no cuidamos y alimentamos bien, nos deja caer. Es eso que todos poseemos y que nos hace perfectos aunque lo confundamos y nos hagamos imperfectos.

Yo descubrí ayer que el alma es la identidad. El alma es el ser. El alma es lo que somos cuando nos despojamos de todo lo accesorio.

Si me quitasen los ojos, el pelo, el cuerpo todo, quedaría de mí mi identidad, aquello por lo que soy reconocida y que me hace diferente e idéntico a todos los demás. Algo intangible que no hace falta que modele porque está ahí. Aunque yo no lo vea. Aunque nadie lo vea.

Le hacemos muchas perrerías al alma, que es lo mismo que decir que nos hacemos muchas perrerías. Sobre todo nos las decimos y nos las pensamos. Algunos creen que el alma y la identidad están en el cerebro; pero yo sé que no. Con una certeza que es pura fe; fé en mi alma, en mi identidad sea la que sea.

Si hago el ejercicio de cambiar de dios, de cambiar de pensamientos, de gustos, de forma, no perderé mi alma, no me perderé a mí misma. Yo seguiré siendo yo diga lo que diga y piense lo que piense.

La identidad es mucho más que un nombre y unos signos externos de existencia. Es mucho más que un cuerpo: cambiamos nuestro cuerpo tanto como podemos: hacemos dietas, nos sometemos a operaciones, nos cambiamos el color del pelo, la anchura de las caderas, la altura… Cambiamos todo eso de nosotros sin miedo a perdernos por el camino porque sabemos que vamos más allá de nuestro cuerpo. Muchos de nosotros estamos también dispuestos a cambiar nuestras ideas y pensamientos porque sabemos que no son lo mismo las ideas que las personas; sino que las personas son mucho más que sus ideas. Yo soy mucho más que mi idea de la literatura; muchísimo más que mi idea de lo que es correcto o incorrecto.

Por eso queremos a quienes no piensan como nosotros. A veces tenemos esa suerte; la suerte de traspasar el espejo de los pensamientos y los cuerpos y de dar con las identidades -con las almas- que se esconden tras ellos.

Pero las almas no deben esconderse. No son frágiles, las identidades, más que si se ocultan.

La belleza, la inteligencia, el talento… todo eso son máscaras del alma que usamos porque tememos.

No sabéis las ganas que tengo de encontrar todos mis disfraces y tirarlos por la ventana, el deseo irrefrenable de ser yo. No Alicia, sólo yo.

Y la sospecha de que ser yo será lo mismo que ser todos, que serlo todo.

Anuncios