El dolor

por Alicia Pérez Gil

Alicia Pérez Gil, vivir, amar

El dolor es eso que nos embota cuando sucede algo que no nos gusta. Pero no cualquier cosa que no nos gusta. No duele perder el autobús. Duelen las cosas que están mal, que hacen estallar el mundo, el nuestro, el mundo de cada uno. También duelen los cortes en la piel, las raspaduras y los golpes. Pero ese otro dolor, el de algo que se descoloca, el de quedarse sin alguien, el que abre el  grifo de la tristeza y condensa una nube sobre nuestras cabezas es otra cosa. Eso es el dolor.

Las causas del dolor son infinitas. Cada ser humano sabe qué le duele, dónde le duele, cómo y cuando. Al resto nos queda respetar el dolor.

Pero respetar el dolor como lo respeta Trancos antes de convertirse en Aragorn. Porque lo fácil es ser Boromir y gritar que, por amor de Dios, les de un respiro a los hobbits, que acaban de perder a Gandalf. Lo fácil es enarbolar la bandera de la compasión cuando en realidad lo que se está pidiendo es una pausa.

Pero Sauron y la Vida tienen algo en común: Sauron y la vida no se detienen. El Señor Oscuro continuaba armando sus ejércitos y la Vida sigue su camino por mucho que a nosotros nos duelan… las cosas de la vida. Así que sí, hay que respetar el dolor de los demás y hay que sentir el propio. Hay que llorar cuando es necesario, pero no es bueno detenerse ahí. Hay que seguir. O todo seguirá sin nosotros.

Siempre digo que yo no tengo mucho de lo que quejarme. Mi vida no ha sido perfecta, pero ha sido más perfecta que muchas vidas. Sin embargo he sentido una gran cantidad de dolor y he dejado que el dolor se hiciera dueño y Señor (oscuro, muy oscuro) de todo. Cuando permites que eso suceda te paras y suceden más cosas que causan dolor. Cuando te duele y te centras en lo mucho que te duele, porque el dolor es importante y desgarra, y rebaña hasta que llega al hueso y todo se vuelve sombra o bruma o fuego o agua, no hay espacio ni tiempo para nada más. El dolor, como los monstruos,  se hace más y más grande cuanto más atención le prestas, cuanto más lo alimentas.

Con el dolor, que sólo es la reacción a algo que ha pasado y que por tanto no se puede cambiar, hay que portarse como con el berrinche de un niño caprichoso: se le deja llorar y se pasa. No se recupera la misma felicidad, ni la misma calma, ni se recupera lo que se perdió, ni se vuelve a ser el mismo o la misma. Ni falta que hace.

El dolor es la señal de que algo importaba, pero no es una manera de amar, ni una manera de ayudar, ni nos hace buenas personas. Hay que reconocerlo y dejarlo ir. Porque la vida… bueno, la vida sigue y digo yo que será mejor que siga con nosotros. La vida es cambio. Y los cambios a veces llegan con un poco de dolor.

El dolor no puede arrebatarnos todo lo demás, todo lo que no es dolor.

 

Anuncios