Paga sólo si te gusta, by Lektu

por Alicia Pérez Gil

Escribir, lee, vivir, amar

Algunas cosas se hacen por principios. Este es el caso de la publicación en Lektu de Inquilinos bajo la modalidad “págalo si te gusta”.

En realidad se trata de motivos muy simples:

El primero de ellos es que no me gusta el concepto de derechos de autor. Entiendo de donde surge, pero no creo que deban seguir vigentes. Desde mi punto de vista un autor no es más ni menos que otro productor; incluso que otro trabajador. Uno –yo misma- pasa un número de días determinados trabajando en una cosa y finalmente obtiene un resultado. Digamos que lo que obtiene es una novela. Esa novela hay que vendarla. Vale.

Tal como yo lo veo y TAL COMO YO QUIERO QUE SEA, la venta se puede hacer de dos maneras: o vendes cada ejemplar al consumidor final, o vendes a una editorial la obra para que sea ella quien a su vez la venda a ese consumidor final. El amado y temido lector.

Hoy en día vender un libro a una editorial en estas condiciones parece imposible. Porque yo no hablo de cederle el derecho a vender y que luego me den un porcentaje de lo que hayan vendido. No. Eso lleva a callejones sin salida para los escritores que, hoy por hoy, no tienen manera humana de saber cuántos ejemplares de su obra se han vendido y, por tanto, cuánto dinero deben reclamar. Yo hablo de vender la obra. Algo así:

—Hola, tengo este libro tan mono para vender. Léelo y si te gusta te lo vendo. Luego ya tú haces con él lo que quieras.

—Pues me gusta. Creo que tendrá éxito.

—Bien, son 35.000€.

—Un poco caro, no.

—Verás, es lo que necesito para vivir durante un año, lo que me costará escribir otro libro que pueda vender.

—Vale, pero explícame qué compro exactamente.

—Pues el libro. Es tuyo. Entero. Lo único que tiene quedar claro es que lo he escrito yo. No puedes modificarlo sin consultarme y mi nombre tiene que ir bien clarito como autora.

—¿Y si vendo 35 millones de ejemplares?  

—Pues eso que ganas. Yo te lo vendo por 35.000€. Ahora, si no vendes ni tres, a mí no me reclames.

—Me parece justo. Al fin y al cabo yo corro con todos los riesgos.

—¿De acuerdo entonces?

—Sólo una cosa.

—Dime

—¿Y si Spielberg quiere hacer una peli con tu libro?

—Pues muy bien. Que me ponga en los créditos como autora del best seller original. Y, si te pide mis datos para contactar conmigo se los das, no nos pongamos tontos.

—Pero ¿por eso también te pago?

—Que no, que no. Que yo ya te he vendido el libro. Por un precio que me parece justo. Lo que hagas con él y lo mucho que te beneficies es cosa tuya. De hecho, tú véndelo a porrillo y haz series de TV y cómics. El próximo seguro que me lo compras por el doble o el triple ¿Qué no?

Lo que pasa es que los autores creemos en nuestras criaturas y pensamos que todas ellas llegarán a Hollywood y serán éxitos de crítica y público en todos los foros. Por eso nos resistimos a deshacernos de los hipotéticos derechos sobre nuestros hipotéticos bombazos de taquilla. La realidad sin embargo es que la mayoría de nosotros no pasamos de ser las reinas de nuestra calle. Que está muy bien, pero no da para mucho. A lo mejor podríamos ser las princesas de nuestros países, pero para eso necesitamos lo que tienen las editoriales grandes. Y ellas lo saben. Y nosotros, como todos los obreros del universo, no tenemos capacidad de negociar con ellas en los términos en los que ahora está estructurado el mercado.

Ahora, si decides vender al lector directamente:

Seamos justos, no podemos pedirle 35.000€, ni 35 la mayoría de las veces. 3,5€ parece un precio más ajustado. Necesitaremos así 10.000 lectores para alcanzar la cifra nada escandalosa pero muy apetecible de 35.000€ a la que aspiramos. Lo que ocurre es que vender un libro no es fácil. Los lectores tienen sus preferencias, sus prejuicios, sus criterios y sus problemas monetarios. Además, comprar un libro con los ojos cerrados puede terminar en decepción.

Hoy es posible acceder a fragmentos de prueba, que pueden ser perfectos o engañosos. Y Lektu permite llevar a cabo mi opción preferida: pagar una vez leído el libro y sólo si crees que lo merece.  Me gusta porque pone en manos del único crítico que de verdad importa la posibilidad de decirle al autor qué piensa realmente de lo que ha escrito.  Me gusta porque creo que es una manera de incentivar la lectura sin regalar. No es que los libros sean gratis, es que tú, consumidor, decides cuál es su precio.

Sí, me consta que hay mucho que madurar a nivel social y a nivel individual para que este intercambio funcione. Igual que hay un camino largo y tortuoso antes de conseguir otras cosas que me parecen imprescindibles para la salud de cualquier sociedad. No sé: que la política sea una profesión de servicio y no un coladero de seres corruptos; que la sanidad sea universal y gratuita; que en los colegios se enseñe a pensar y no a retener datos… Esas cosas.

Pero sólo hay una manera de que las cosas cambien y es empezar a cambiarlas. Poco a poco, con gestos pequeños, sin mayor ambición que la de hacer lo que cada uno cree que es correcto. Quizá el cambio grande, el que se vea a niveles estratosféricos no se produzca jamás, pero yo habré muerto tranquila.

Y por eso, en este enlace, podéis descargaros Inquilinos y pagar cuándo queráis, o podáis. Si queréis o podéis.

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