Offtopic. De cómo ser traído y llevado por las propias emociones

por Alicia Pérez Gil

Alicia Pérez Gil, vivir, amar

Hay unas cuantas entradas que me apetecía escribir antes que esta, pero me he dado cuenta de que esta es importante.

Las emociones, dicen los libros de autoayuda que vengo años manejando, no son más que productos de pensamientos automáticos y los pensamientos se vuelven automáticos por repetición. Según estos libros, controlar los pensamientos conduce a controlar las emociones.

Yo digo que tararí. He hecho mis deberes y comprobado que mi estado de ánimo no mejora cuando cambio de pensamientos. He hecho más deberes aún y he comprobado que ser consciente de qué creencias, ideas o pensamientos me hacen sentir mal sólo me hace sentir peor. Porque para cambiar de manera de pensar hay que comprender, no sólo reconocer, de qué manera se piensa.

Así, si me da por creer que le caigo mal a todo el mundo; saber que eso es falso y que en realidad se trata de una formulación mental mía no me hace sentir mejor. Me ayuda a relativizar, nada más. Hay ideas mucho más arraigadas y profundas que determinan ese pensamiento que he logrado aprehender.

Habrá que llegar a las ideas de base, desmontarlas y cambiarlas por ideas nuevas. No sé si eso es posible, aunque me quedan algunos años para averiguarlo.

La cuestión de la que quería yo hablar hoy es que esto ocurre del mismo modo con las ideas que me hacen sentir bien: cuando creo que he hecho algo que considero de calidad, cuando tengo ideas que me parecen buenas o cuando me creo los elogios que recibo me siento bien. Y la emoción positiva nace del mismo sitio, de ideas, de pensamientos que conozco sólo de manera superficial.

Cuando tenía muy pocos años y muy pocos besos en mi haber, que me besaran me hacía sentir genial porque pensaba que un beso significaba que me querían. Cosas del cine, supongo. Ahora ya no creo eso. Bueno, ahora sólo me besa mi novio, pero sé que, si lo hiciera otra gente, seguiría costándome mucho desligar el beso de un cierto sentimiento de intimidad que para mí es precioso y que conjura mi lealtad eterna. Aunque no sea amor.

Hoy he tenido un momento pletórico. Estaba cerrando el armario después de cambiar la arena de los gatos. Me espera una tarde de mucho trabajo porque tengo varios proyectos pendientes de entrega y el plazo termina en unas horas. La actividad, ir cerrando cosas, por pequeñas que sean, siempre me hace sentir bien.

Me siento trabajadora, cumplidora y buena porque me han enseñado que el trabajo es un valor en sí mismo. Pero debajo de eso está la idea de que quien no produce vale menos, que es la que me hace sentir mal cuando tengo un día poco productivo.

Como no he conseguido librarme de la idea base producción = valor, las emociones derivadas de mis acciones me traen y me llevan por anchas avenidas y callejones estrechos.

Con todo esto, que son 489 palabras ya, sólo quiero decir que tampoco hay que flagelarse. Es posible que mi vida y la vuestra, la de quienes estáis leyendo esto, sea mejor que la de otros. Otros más pobres, menos acomodados o más ocupados. Pero eso no os quita el derecho a sentiros tristes, frustrados o como sea que os sintáis cuando os sentís mal.

Eso sí, conviene apretar los dientes, mirar alrededor por si le puedes dar un zarpazo al monstruo e ir haciendo, paso a paso, el camino que lleve al corazón de las tinieblas. A ver si con el tiempo podemos poner todos un poco de luz.

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