Nuevo político honesto busca: nuevo electorado

por Alicia Pérez Gil

FEAT-VIVIRHace ya dos días que votamos y que sabemos que las cosas están cambiando. Algunos piensan que esto debería haber sido mucho más radical, otros creen que es una debacle y que iremos de cabeza al caos absoluto. Yo creo que los resultados del domingo son muy buenos, que dejan entrever una luz real tras un túnel muy largo, mucho más largo que la crisis; y que hay que ser optimistas y razonables.

Dentro de pocos meses volveremos a votar y esta primera victoria en comunidades y ayuntamientos habrá servido a los partidos tradicionales para hacer campaña en contra de los políticos nuevos. Porque, aunque el ámbito municipal y el autonómico no dejan demasiada manga ancha a las políticas generales (porque no son ámbitos generales), sí permiten tomar decisiones y estamos ante una generación de políticos sin estrenar en esto del gobierno.

Personalmente espero que se equivoquen porque es lo normal. No serán los primeros en equivocarse, pero serán los peor tratados cuando suceda: por los partidos rivales, por los medios manipulados por los rivales y por el electorado de los rivales. Es responsabilidad de quienes les hemos votado darles otro voto: el de confianza. Y me refiero a confianza, no a fe ciega ni a justificación desesperada de todo tipo de actitudes. Una confianza responsable porque lo que avalamos no es a unos hombres y a unas mujeres determinados, sino unas practicas políticas nuevas. Y poner en práctica maneras nuevas de hacer las cosas pasa siempre por el error.

Pero espero más cosas, no sólo que se equivoquen. Espero que asuman las responsabilidades de sus errores y que quien meta la pata sea convenientemente sancionado. Convenientemente: con la sanción que corresponda. Esa será mi vara de medir a estos nuevos gobiernos en cuanto a sus errores. No los errores en sí, sino sus consecuencias.

Por otra parte, soy de las que creen que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente. Así que  creo que, antes o después, esta gente nueva que quiere hacer las cosas bien, una gente a la que necesitamos aunque sólo sea como un estómago revuelto necesita el aceite de ricino, se corromperá. Podrá poner el cazo y lo pondrá. Podrá hacer favores y los hará. Quiero creer que esto tardará en ocurrir, pero ocurrirá. En ese momento es cuando debemos demostrar que somos un electorado nuevo. En ese momento es cuando debemos castigarles. La primera vez que ocurra y con todo el peso del poder que seamos capaces de ejercer y que ojalá sea mucho porque tras las elecciones generales se derogue la ley mordaza. Cuando un buen gobierno se convierte en un mal gobierno, hay que cambiarlo. Aunque sea el gobierno que querías y en el que confiabas.

Para mí, votar a Carmona en Madrid y a Podemos en la comunidad ha sido un acto valiente y meditado. Valiente en cuanto a que he corrido el riesgo, personal, de dar alas a un político del que desconfío y que no me gusta. Yo he votado Podemos a pesar de Pablo Iglesias y lo he hecho porque era la única alternativa que me parecía coherente. No puedo votar al PP o al PSOE con todo lo que se sabe. Y quería que mi voto fuese útil. Así que en un ejercicio de racionalización, he votado por el cambio que me parece mejor.

Mi responsabilidad desde ahora hasta las generales es vigilar a mis representantes.

La responsabilidad de todos los que les detestan es hacer lo mismo. Es dejar la frustración, la ira y la ideología atrás y observar qué hacen, cómo lo hacen y si esas acciones benefician al país o no. Es poco tiempo y en España los ánimos jamás estarán lo bastante calmados, pero mi deber es decirlo. Así que pido a los demás lo mismo que me pido a mí: que miremos y pensemos y entendamos antes de hablar. Porque va a ser una campaña electoral muy fea y no nos jugamos cuatro años de más de malvivir. Nos jugamos cambiar la historia en nuestro propio beneficio.

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