Y va tu hijo y nace en Cádiz. Iñaki Rekarte en “Salvados”

por Alicia Pérez Gil

FEAT-VIVIRNo había visto el “Salvados” de Iñaki Rekarte, sólo había leído la carta abierta de la hija del matrimonio que asesinó en Santander. Acabo de terminar el vídeo y, lo que iba a escribir desde el desconocimiento absoluto de la entrevista, lo escribo reafirmada en mi opinión inicial.

Entiendo que esa hija de 18 que, a partir del asesinato se convirtió en la madre de su hermano de 16, que se quedó sin una vida normal, sin sus padres, sin todo lo que muchos tenemos, siga enfadada. Entiendo el dolor, entiendo el rencor y no seré yo, no ahora, quien le diga cómo gestionar esas emociones.

Lo que sí diré es que, a pesar de ese dolor, a pesar del derecho a odiar o no hacerlo, a pesar del derecho a querer devolver ojo por ojo, o no quererlo, hay un derecho que no le asiste: el derecho a vetar o no esa entrevista. Hay una parte de su carta abierta en la que dice (la cita no es textual), que vaya país este que permite a los asesinos pasearse por las televisiones como si fueran estrellas. Creo que eso sólo se entiende desde el dolor.

Desde mi punto de vista es una suerte vivir en un país que permite a los asesinos arrepentidos contar su versión sobre una vida, la suya, que deploran y de la que no se sienten orgullosos.

La entrevista, tal y como yo la he visto, y esto es una opinión personal, como todo lo que escribo, por otra parte, tiene dos protagonistas. Mucho más que en otras ocasiones, o por primera vez, Évole está incómodo. Se le nota forzado. O yo le noto forzado. hace el esfuerzo de despegarse de Rekarte, no le concede ni una tregua, no responde a ninguna de sus sonrisas, no se hace cómplice de ningún guiño. Es una entrevista en la que no da nada. Un tío que da, sobre todo, juego, se convierte en esta ocasión en una pared de frontón, pero no devuelve las pelotas, sólo las lanza. Diría que de manera impasible, pero no es cierto. Se le nota sufrir porque está trabajando de un modo contrario a su naturaleza. No deja lugar a sus dos armas favoritas: la ironía y el sarcasmo. Eso le hace mucho más protagonista que su desparpajo habitual.

La otra parte de la entrevista, Rekarte, también sufre. Para todos aquellos que no han vivido en el País Vasco ha debido de ser muy duro oírle y verle. Lo ha sido para mí, que crecí allí y me fui hace tan solo 13 años. Algunos vascos con mucho acento hablan como si no les importase  lo que están diciendo. Encogen los hombros a menudo y usan muletillas como “sin más”, “áhi” (con el acento en la a) o ” o así”, que parece que le quitan importancia a lo que dicen. Es una especie de lenguaje de la pachorra que no tiene nada que ver con la pachorra. Oír a alguien hablar de sus propios crímenes de esa manera es chocante y no gusta. A mí no me ha gustado.

Eso en cuanto a la forma. En cuanto al contenido, no soy nadie para juzgarlo. Yo he hecho muchas cosas de las que me arrepiento. Ayer decía que lo único de lo que no me arrepiento es de la manera de afrontar las consecuencias. Hecho el mal, hay que pagarlo. Este hombre ha pasado 22 años en la cárcel, ha sido torturado, se ha arrepentido de lo que ha hecho, ha pedido perdón y sabe, sobre todo, que nada sirvió de nada, que todo fue un desperdicio de vidas, de años, de todo.

No se trata aquí de pedir perdón por él para que todos le perdonemos. Me gustaría que el foco de esta entrada estuviese en otra cosa: en lo duro que tiene que ser para cualquiera darse cuenta de que su manera de vivir la vida ha sido un total, profundo y absoluto error que, además, ha tenido consecuencias nefastas para mucha gente. Creo que este tío está roto. Y creo que eso es suficiente castigo. Dice que se ha perdonado, dice que su mujer es un regalo de la vida. También dice que lo único que puede hacerle E.T.A. es matarle. Eso no lo dicen personas felices.

Así que sí: yo me alegro de que en este país algunos asesinos tengan un espacio en televisión. No he visto a ninguno que parezca una estrella.

Preferiría, por supuesto, que no hubiera asesinos.

El análisis de lo que ha dicho sobre E.T.A.  requiere mucha más solvencia y datos de los que tengo.

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