Cosas de Harry Potter III: Las cartas de nadie

por Alicia Pérez Gil

HARRY-POTER-FEATCapítulo 3. Las cartas de nadie.

Dónde una primera carta del colegio Howarts de magia y hechicería debería haber librado a los Dursley de su pesadilla pero, en lugar de ello, el tío Vernon se vuelve loco, intenta ignorar el mensaje, huye de su casa con su familia, se exilia a un islote inhóspito una noche de tormenta, no consigue nada  y Harry cumple 11 años.

Es el tercer capítulo de la novela y el primero en el que yo veo una inconsistencia grave, pero empecemos por lo bueno. 

Como seguimos hablando de un libro para niños, los capítulos son cortos y no demasiado detallados. No sé si está pensado para leer uno al día, pero cada uno termina con un cliffhanger y el siguiente lo retoma en el punto donde lo dejó el anterior. En este caso con un manejo acertado del paso del tiempo. “La fuga de la boa constrictor acarreó a Harry el castigo más largo de su vida”. Y con esto nos plantamos en verano. Un verano espantoso con Dudley martirizándole pero con una esperanza que se plantea ya en la primera página. El curso siguiente los primos asistirán a colegios diferentes. Ni Harry ni el pequeño lector imaginan como de diferentes.

La rutina de la escuela está presente durante todo el libro. Es lo que sirve para establecer el marco temporal y además resulta casi la única referencia apropiada para que un niño se sitúe en la historia en todo momento. Al principio del capítulo hay una escena en la que la Rowling se gana la complicidad de sus lectores una vez más: Dudley se prueba un uniforme que describe como ridículo y hace que Harry tenga que aguantarse la risa. Igual que cualquiera de los críos normales al otro lado de las páginas.  A continuación, el niño que sobrevivió se siente pobre y desgraciado por culpa de su futuro uniforme del colegio, que le sentará como si llevara la piel de un elefante viejo.

No deja de resultar curioso que más tarde, en Howarts, su mejor amigo vaya a ser un chico pobre que lleva la ropa gastada y grande porque antes ha pertenecido a alguno de sus hermanos. Y que los esbirros del malvado y fallido Draco Malfoy sean clones de Dudley: gordos, torpes y brutales. Al contrario que Neville Longbottom, que es gordo, torpe y encantador.

Y después de esto llega una extraña carta. Extraña porque se dirige a Harry, porque no lleva sello, está escrita con tinta esmeralda sobre pergamino y menciona la alacena…

El capítulo está escrito en un tono de disparate que a mí no me gusta. Lo entiendo, pero no me convence. hay un momento en que Dudley y Harry se cuelgan del tío Vernon de una manera que me recuerda peligrosamente a Benny Hill. Ese humor inglés tan zafio nunca me ha hecho reír. Además ¿No es su tío una fuente de injusticia y terror? No parece verosímil que Harry se cuelgue de su cuello.

De todas formas, lo que de verdad está  poco trabajado es el por qué: ¿Por qué los Dursley no se alegran y se deshacen de su sobrino en cuento llega la primera carta?

En la primera página del libro Rowling escribe: ” Los Dursley tenían todo lo que querían, pero también guardaban un secreto, y su mayor temor era que lo descubriesen: no hubieran soportado que se supiera lo de los Potter[…]. No querían que Dudley se juntara con un niño como aquel.”

Pero la carta del colegio de magos despierta una reacción asombrosa. En lugar de saltar de alegría y deshacerse del estorbo que el chico supone, lo que les devolvería a la normalidad que les alegraba la vida y que añoran, la tía Petunia pregunta si les dirán a los magos que no quieren enviar allí a Harry. el tío Vernon contesta que no, y se enfada: “¡No tengo a uno de ellos en casa, Petunia! ¿No juramos, cuando lo acogimos, acabar con aquella peligrosa tontería?”

Lo jurarían o no, eso sucede fuera de plano, pero ¿No resulta evidente que han fracasado? Hay informes de Harry apareciéndose en el tejado de la escuela, cosas extrañas pasan a su  alrededor y, no sé, quizá tenga cierta relevancia el asuntillo de la boa. Pero el tío Vernon se empeña en que es que no, y es que no.  Se empeña  tanto que, cuando las cartas les persiguen hasta el hotel más nauseabundo del planeta, se compra un arma y emigra a un islote azotado por un temporal.

Llamada a la ventura y rechazo dela llamada, sí. Lo dicen los cánones y las buenas enseñanzas, pero es un capítulo débil que compromete la verosimilitud de la familia Dursley.

Lo que no compromete es la verdadera naturaleza de Dumbledore, que viene vigilando a Harry desde el día en que le deja con sus tíos y es perfectamente consciente de dónde se encuentra el muchacho: la alacena, la habitación pequeña, el hotel, la cabaña destartalada en el peñón. Dumbledore, de quien poco bueno tengo que decir…

Y hasta aquí el tercer capítulo. Falta uno más de introducción, sólo uno y llegaremos a Diagon Alley, donde la magia es magia… ¡Por fin!

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