Suficiente

por Alicia Pérez Gil

 

FEAT-AMARSELlevo uno días dándole vueltas  a la palabra suficiente, lo que significa y cómo se interpreta. Por supuesto, lo hago desde mi propio sesgo.

Las notas

Suficiente en el colegio era eso que quería decir que sabías lo necesario para aprender cosas nuevas. Un examen se aprobaba con suficiente, un 5 sobre diez era bastante, lo justo para considerar que los conocimientos del alumno le sostendrían en la siguiente evaluación, el siguiente curso o la vida. Lo malo del suficiente no era eso, sino que se podía conseguir lo mismo con un bien (un 6), con un notable bajo o alto (7 u 8) o con un sobresaliente (9 o 10). Obtenían dieces, a priori, quienes lo sabían todo, quienes no cometían ningún error. Y el espectro de calificaciones que iba del 5,25 al 9,75 dependía, o debía depender, de la excelencia del conocimiento, de todo lo que superaba el 5, de todo lo que, en puridad, debía ser considerado más que suficiente.

¿Más que suficiente?

Sin  embargo no conozco a nadie que considere suficiente lo que basta ni más que suficiente lo que excede ligeramente de esa cifra que separa aprobados de suspensos.  Los suficientes en mi entorno han sido siempre fracasos. Siempre. En mi vida no hay tramo viable entre el 0 y el 8. Menos de 8 es la iniquidad. Conozco personas que no se conforman con menos de diez.

¿Qué significa conformarse?

Conformarse en este caso quiere decir que se sufre cuando el trabajo propio no obtiene un reconocimiento excelente. Quiere decir que no importa cuánto nos hayamos esforzado para hacer algo, lo que sea; un pastel,  una chaqueta de punto, una entrada de blog o cualquier otra cosa. Cuando consideras que un 7,5 es un fracaso, que alguien te diga que algo está bien o que es correcto, te sienta como si te hubieran puesto un cero en selectividad. Sufrir quiere decir que te desprecias, que te juzgas, que te torturas buscando de qué manera podrías haberlo hecho mejor, que echas por tierra el valor, a priori suficiente, de lo que has hecho. Significa que te pones a ti mismo a la altura de la basura.

¿De quién es la culpa?

Pues no lo sé y no me importa. Saber quién es el culpable de que algunas personas vivamos la aprobación como una plaga no va a ayudarme a vivirla con más alegría. Lo que importa es de qué manera podemos hacer que para nosotros lo suficiente  sea igual de suficiente que para los demás. No sé cuál es el método, pero lo encontraré. Sospecho que debe de tener que ver con no esperar ni buscar ni exigir la perfección y con tener una perspectiva realista sobre quiénes somos y a qué podemos esperar de nosotros mismos.

También sé que nada de esto está relacionado con dormirse en los laureles y dejar de esforzarse. Hay que poner esfuerzo en lo que se hace para poder defenderlo con la cabeza alta. No se trata de aspirar a un 5. Hay que trabajar con la cabeza puesta en el éxito más rotundo, sí, pero sin menospreciar los éxitos relativos. Porque un éxito es un éxito. Y no es justo llamar fracaso a un suficiente.

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