Une la línea de puntos

por Alicia Pérez Gil

FEAT-VIVIREl día que prefieras de este año, sucedieron todas estas cosas, en algún lugar de España. Quizá en una ciudad grande con hospitales, iglesias, juzgados, parques y carreteras.

Nació un bebé con los ojos pegados de líquido amniótico. En cuanto la pediatra dio su consentimiento y los enfermeros anotaron peso y medidas lo colocaron sobre el torso de la madre. Los latidos de ambos se acompasaron. La mujer lloró en silencio, de felicidad y alivio. El bebé durmió. Se sentía seguro. Fuera se puso en marcha la maquinaria de los nacimientos. Se compraron  muñecos, flores, chocolates. En uno o dos días, familiares y amigos desfilaron por la habitación del hospital. La mayoría llevaron sonrisas y palabras bonitas. Todos fotografiaron al pequeño. Muchos le encontraron  parecidos imposibles. Hubo risas cómplices ante regalos horteras, absurdos, pasados de moda o previstos. La madre procuró parecer menos cansada de lo que estaba. El padre se mostró solícito y orgulloso; quizá un poco abrumado porque donde no había nada se encontraba ahora el fruto de su simiente, al que le unía una corriente de amor distinta de todas las otras.

Una columna de niñas y niños vestidos con sus mejores galas esperó para tomar la primera comunión. Recién confesados, pensaban en los trajes y regalos, en dinero, en la PS4 y el viaje a Euro Disney. Sus padres les habían advertido de que se portaran bien, pero nadie envuelto en tules a los 9 años se porta tan bien como debe y por eso el camino hasta el altar se llenó de murmullos, de medias voces. En los bancos, a los lados, una sordina de exclamaciones de asombro y satisfacción obligó al sacerdote a llamar la atención de padres, tíos y abuelos.

También se casó una pareja de enamorados. Lo hizo en el ayuntamiento, o en una iglesia. Da lo mismo porque lo que importa es que se amaban. Los novios, ambos, aguantaron a duras penas las lágrimas cuando se vieron. Felices y hermosos como nunca antes. Convencidos de que estaban viviendo el mejor día de su vida y que a ese seguirían otros, igualmente buenos. Algunos invitados compartían felicidad y amor; la mayoría se contagió de nervios y alegría. Al menos, alegría. Más tarde, en el banquete, se gritaron vivas, se exigieron besos, se bailó, se bebió de más, se lloró a escondidas o en público.

Ese mismo día y no otro murió un abuelo. Uno de los buenos, de los de ir a jugar al parque y comprar una piruleta. Un abuelo de los que contaban historias. Murió y dejó huérfana a su nieta, que no tenía muy claro por qué el yayo estaba en aquella caja dura, tan blanco debajo del colorete, tan callado. Le quiso tocar, pero su madre lo impidió con un gesto suave pero firme y triste, muy triste. A lo mejor le dijo ahora no, bonita; aunque lo más seguro es que no le dijera nada porque un nudo en la garganta le impedía articular las palabras necesarias y un nudo en la cabeza le impedía pensarlas con claridad.

También en esta fecha que habéis decidido se firmó un divorcio. Al desamor no lo acompañaron gritos ni aspavientos, sino el enorme vacío de un fracaso inesperado. Abogados y notarios respiraron aliviados por la ausencia de insultos. Los honorarios llegaron sin peleas absurdas ni conflictos.

Un hijo cayó en coma. Su padre pasó todo el día pegado a la cama del hospital o a la puerta más cercana a la que le permitieron pegarse. Temía por la vida del chaval y por la reacción de su mujer. Tardó horas en avisarla. Se culpaba. No había de qué culparse, pero se culpaba. Por no haber estado, por no haber dicho, por no haber advertido, por no haber castigado. Temía el resultado de esas ausencias involuntarias, ausencias que se dan porque uno piensa que las vidas de los hijos son eternas. Cuando su mujer llegó, por fin, no le recriminó nada. Le abrazó. Se abrazaron. Esperaron juntos.

Pasaron muchas más cosas ese día. Ahora tenéis que tomar otra decisión. Unid los puntos:

  • Boda, Comunión, Nacimiento, Divorcio, Muerte
  • Alegría, Expectación, Fracaso, Tristeza, Amor
  • Pobre, Homosexual, Culta, Discapacitada Intelectual, Caucásica, Analfabeta, Negra, Gitana, Rica,

¿Cómo vais a unir los puntos?

¿Un bebé pobre de raza negra? ¿Un bebé caucásico de madre analfabeta? ¿Un abuelo rico con una nieta discapacitada china? ¿Un matrimonio homosexual que ya no se ama? ¿Unos novios cultos y gitanos que comienzan su vida juntos? ¿Una columna de críos ecuatorianos, españoles, cubanos, polacos? ¿Un divorcio de pobres? ¿Una boda de ricos? ¿Un abuelo discapacitado? ¿Una nieta lesbiana? ¿Un gay en coma? ¿Un padre pijo? ¿Una madre trabajadora?

¿Quién estaba en cada situación?

¿Cuál es la diferencia?

Shakespeare arregló esto con lo de si me pinchas acaso no sangro, pero a nosotros nos cuesta pillarlo. Nos cuesta pillarlo.

Que somos todos iguales. En lo que importa, en lo que nos mueve, no hay ninguna diferencia.

¿Cuántos de vosotros habíais pensado de inicio en protagonistas de otras razas, capacidades o condiciones sociales?

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